Cyl dots mini

OSCyL, Villegas y Coelho

Pablo Sainz Villegas

La música que escuchamos esta noche en la Sala Sinfónica Jesús López Cobos requiere concentración y emoción. Y clarividencia. Escuchando la guitarra de Pablo Sáinz Villegas te sientes la persona más afortunada que pisa Valladolid. En la propina, Villegas nos dio en el palo del gusto y nos dejó embriagados para toda la noche.

 

Menos mal que no había control de alcoholemia a la salida de concierto porque seguro que  la mayoría “habría dado positivo”. La primera parte del concierto, con el Poema sinfónico nº 3 del ciclo Mi patria de Smetana puso a prueba al director Nuno Coelho pero sorteó con audacia y demostró ser un experto timonel para llevar a la OSCyL a buen puerto. Tiene carisma Coelho, y energía. Al contrario que Messi, posee  un tren superior poderoso  que le aporta personalidad y brío.

 

Pero el plato fuerte era Elmer Bernstein y su concierto para guitarra y orquesta 'For Two Crhistophers'. La OSCyL nos regaló una versión amplia, lúcida, sensual, llena de riqueza tímbrica que hizo las delicias de los oyentes.  Cuando sonaron los primeros compases de la guitarra de Pablo Sáinz aquello empezó a tomar una precisión y una agilidad inequívocos. Cada nota, cada gesto, cada compás, buscaba conseguir en el oyente una emoción, un recuerdo agradable.

 

Pablo Sáinz Villegas se metió al público en el bolsillo en menos de lo que canta un gallo. Se convirtió en el gran hechicero de la velada. La música que sale de sus dedos, de su rostro, de su cuerpo, de sus manos, de su mirada posee una enorme riqueza cromática  de indescriptible belleza  y sonoridad. El oyente le acogió y le prodigó una salva de aplausos calurosos, de reconocimiento. Nos dimos cuenta que tiene un “carrerón” por delante y que llenará páginas y páginas en los periódicos digitales y de los otros.

 

Todos esperábamos la propina como agua de mayo. Y resultó doble. El elegido por Villegas fue Francisco Tárrega. Recuerdos de la Alhambra sirvió de bálsamos para apagar toses y carraspeos. No se oía una mosca. El personal llevaba el compás con los dedos porque era consciente que estaba ante un espectáculo sublime, único, irrepetible.

 

Todas las miradas estaban puestas en Villegas. Ya se sabe que montar en bicicleta nunca se olvida. Nunca olvidaremos el concierto de esta noche. La OSCyL posiblemente una de las orquestas sinfónicas más importantes del panorama español, Nuno Coelho y Villegas había sabido incorporar el aliento de los espectadores a la partitura y eso hoy  solo está al alcance de los elegidos.