OSCyL&Roberto González-Monjas

¿Será que todo pasa por el esfuerzo, la decisión y el sacrificio de años de preparación, de estudio en definitiva? Es un gozo escuchar juntos a Roberto González- Monjas y a la OSCyL dirigidos por el flemático director Andrew Gourlay. La ambición que tiene Roberto por convertirse en estrella es una garantía de que el éxito sea un constante crescendo en su vida. Tiene espontaneidad y una especial forma de comunicar que le convierte en un violinista distinguido y especial.

FICHA TECNICA. Valladolid. Centro Cultural Miguel Delibes. Sala Sinfónica. 9 Abono de temporada. Orquesta Sinfónica de Castilla y León. OSCyL. Director: Andrew Gourlay. Violín: Roberto González-Monjas. Programa: Ludwig Van Beethoven (1770-1827) Esa-Pekka Salonen (1958) y Richard Wagner (1813-1883)

 

El concierto comenzó con la obertura de Beethoven que duró apenas nueve minutos, para qué más. El sonido llegaba al oído del oyente, inmediato, sensual, placentero y digno de admiración. Mientras sonaba Beethoven, el peso de la noche caía sobre Valladolid y los asistentes al concierto disfrutaban de la mágica conversación que proponían los sonidos, es decir, tenía la noble obligación de moldearlos a su antojo sin perder de vista el ritmo, la inflexión y la sonoridad.

 

El concierto para violín de Esa-Pekka Salonen que nos regaló Roberto González-Monjas resultó espléndido, emotivo, inteligente, absorbente y equilibrado. La narración resultó minuciosa. Lo cotidiano y lo prosaico, como si estuviéramos leyendo una novela de Ian McEwan, estoy pensando en Chesil Beach, son descritos de manera amena y vivaz, sin parsimonia. Nada es superficial, no sobra ni una nota. El concierto para violín de Salonen es fruto del conocimiento y la sociedad de nuestro tiempo. Puede suceder que el oyente no reconozca sonidos que ya ha podido oír mil veces en esta sala, pero, como decía el hermano marista Picazo, el pero, una cosa en reconocer el sonido y otra entenderlo. Roberto proponía al oyente que buscara la reflexión y la aventura; atrevimiento y alejarse del yo durante unos minutos para ir en busca de lo desconocido.

 

Como me dice mi Topo dentro de la OSCyL, el público de los jueves es “seco” y el cuesta entrar en “la morada de lo innombrable”, así llamaba Gaudí a la Sagrada Familia. Roberto, que sepas que tus padres eran las personas más alegres de la Sala Sinfónica y yo me alegré por ello.

 

Posdata. La generosidad de Andrew Gourlay consiguió que el concierto fuera compartido entre todos los músicos y todos los asistentes al concierto. Parece mentira que algunos ingleses insistan en la salida del Reino Unido de la Unión Europea. Seguro que a Gourlay no le hace mucha gracia.

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