¡Oh Cuba!

La asistencia a una obra de teatro no suele detenerse cuando terminan los aplausos, sino continúa más allá, engendra nuevos recuerdos de otras obras vistas y contagia para seguir viendo nuevas. Una obra de teatro que nos conmueve, nos molesta, o nos hace sonreír, nos permite hablar de ella y reinscribirla según nuestro entendimiento.

Ficha Técnica. Valladolid. Teatro Calderón. ¡Oh Cuba! Federico García Lorca. Idea, dramaturgia y dirección: Fco. Ortuño Millán. Intérprete: Loles León. Composición musical: Antonio Carmona y Diego Carrasco. Bailarines. Cuerpo de Baile. Músicos. Voces.

 

¡Oh Cuba! merece el aval del espectador y se le puede recomendar a un amigo para que la vea en cualquier parte de la geografía española o internacional. Con la gran ventaja añadida que a partir de verla, sus espectadores se la recomendaran a otros. La música y el baile envuelven al espectador desde el minuto uno. Con tres claves: profesionalidad, alegría, y energía a raudales. En todas las canciones, el público acompañaba con el pie o con las cejas, depende, las alegrías, la seguirilla, la copla, sones flamencos y cubanos que interpretaron el elenco de buenos músicos que pisaron las tablas del teatro. Loles León en plena forma, está para decirlo con una palabra: estupenda.

 

Con una voz y una planta impresionante, canta, recita, baila y cautiva a partes iguales. Toda una artistaza, ¡si señor! Domina el escenario en que derrocha simpatía y tablas con las que conquista al público y obtiene el respeto de sus compañeros de reparto. Pero, ¿cuál es el secreto, la receta para seguir en la brecha? Que amamos este oficio. El escenario nos encanta. Es nuestra casa. El director teatral Francisco Ortuño ha dejado dicho que la época cubana de Lorca representa un paraíso, un lugar en el que él mismo dice que ha vivido los mejores días de su vida.

 

El 4 de marzo de 1930, Federico García Lorca dejaba Nueva York, cogía un tren en Florida y de ahí, en barco hasta la Habana. Llegó a Cuba a los tres días. Estuvo en Cuba tres meses, tiempo suficiente para empaparse de lecturas, músicas y relaciones personales que no olvidaría jamás.

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