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Nuno Coelho dirige la OSCyL

La Oscyl.

La crítica cultural de Ágreda en Tribuna de Valladolid.

Nuno Coelho, nacido en 1989, es un director  portugués muy disciplinado. Su  vida está volcada plenamente en su trabajo: busca la excelencia cada vez que coge la batuta y se pone al frente de una orquesta. Esta noche,  dirigiendo  la OSCyL  se le nota que está dando lo mejor de sí. Estoy seguro que ahora mismo no echa de menos otra cosa porque la felicidad,  la encuentra dirigiendo, la encuentra en el mundo de la música. “Cada ser en su sitio, es honda alegría, paz”, escribía el poeta Francisco Pino.

 

Para dirigir un concierto,  primero hay que sentirlo y tomárselo en serio. Hoy,  la Sinfonía de cámara nº 1 de Arnold Schoenberg, Nuno Coelho no la dirige con la batuta, esta noche la está dirigiendo con los ojos y  con el alma que ilumina a los músicos y al patio de butacas.  Porque para dirigir esta sinfonía hay que acercar la antorcha a la partitura y  revelar los entresijos  cambiantes de la condición humana.    

 

El compositor ha llenado de signos melódicos la  hoja de papel pautado y a  medida que los músicos van conformado la sinfonía  llega a los oídos del público retazos de la infancia, ese recuerdo que a estas horas de la noche se envuelve con el respeto y el silencio como un manto de nieve que lo envuelve todo.

 

Y luego llega la Serenata nº 2 de Brahms que dura exactamente 35 minutos.   La fraternidad se extendió  por el patio de butacas. Porque en la situación que estamos viviendo hay que agradecer a la Orquesta Sinfónica de Castilla y León que nos permita a través de la música,  vivir más, que la vida en este tiempo que pasamos en el CCMD tenga sentido.

 

Sentido,  porque escuchando a Brahms se tiene la sensación que su Serenata es una forma “adelantada de la felicidad” que diría Borges. Porque ahora mismo la Sala Sinfónica Jesús López Cobos se ha convertido en un espacio mágico en el que están todas las músicas del mundo que  nos esperan para poder disfrutar y salir un rato de nosotros mismos.

 

Esta música te invita a razonar. A razonar contigo mismo porque jamás impone nada y te hace dudar de lo que piensas de las cosas y permite tomar distancia suficiente de la actualidad y porque en definitiva,  durante 35 minutos exactos has encontrado algo que te conforta, te consuela y te acompaña en tu soledad.  

 

Porque el futuro como diría el señor Godot, nunca llega. O, cuando llega, llega travestido de presente.

 

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