Nueve años de cárcel para el neonazi que acuchilló a otro a las puertas del bar 'Sotabanco'

Bar "Sotabanco", junto a la plaza San Miguel. A.MINGUEZA

Para sus otros dos compañeros de banquillo han recaído penas de cuatro años, mientras que un tercero, Álvaro A.P, ha quedado absuelto.

La Audiencia de Valladolid ha condenado a una pena de nueve años de cárcel por delito de tentativa de asesinato al neonazi y militar de profesión Emilio José G.V, quien en agosto de 2012 hirió gravemente con un arma blanca a otro joven de idéntica ideología a las puertas del bar 'Sotabanco', al considerar probado que su intención era la de quitar la vida a la víctima.

 

En su sentencia, la Sección Cuarta de lo Penal acuerda condenar también a dos de sus compañeros de banquillo, Roberto A.G. y Rodrigo R. del B, a penas de cuatro años en calidad de cómplices, mientras que un cuarto filonazi, Álvaro A.P, ha quedado absuelto de los cargos que se le imputaban, según informaron a Europa Press fuentes jurídicas.

 

En concepto de responsabilidad civil, el principal condenado habrá de indemnizar directamente a la víctima en la cantidad de 163.000 euros y con 100,20 euros a Sacyl, cantidades que en el caso de insolvencia del condenado habrán de afrontar de forma subsidiaria, conjunta y solidariamente, los también condenados Roberto y Rodrigo.

 

Además, Roberto A.G. ha sido igualmente condenado a diez días de localización permanente por una falta de lesiones cometida sobre un amigo del acuchillado, al que golpeó con el palo.

 

El Ministerio Fiscal y la acusación particular habían solicitado nueve años de prisión para Emilio José G.V. por delito de tentativa de asesinato y homicidio frustrado, respectivamente, y de forma alternativa idéntica pena pero por un delito de lesiones dolosas con la agravante de alevosía.

 

En el caso de los otros tres encausados, Roberto, Rodrigo y Álvaro, el acusador particular pidió para todos, en calidad de cómplices, penas de cinco años, mientras que el fiscal retiró los cargos en el caso del tercero de los jóvenes y mantuvo para los dos primeros una petición de cuatro años.

 

En concepto de responsabilidad civil, la acusación pública había solicitado indemnizaciones por importe de 163.000 euros euros que deberían abonar conjuntamente Emilio José, Roberto y Rodrigo, cuantía que en el caso de la acusación particular se disparaba hasta los 257.766 euros, con obligación de afrontarla los cuatro procesados.

 

SÓLO QUERÍA "ASUSTARLE"

 

Durante el juicio, el principal inculpado, Emilio José G.V, aseguró que su intención era tan sólo "asustar" a la víctima con el fin de que dejara de acosarle y de amenazarle por haber roto su relación de amistad.

 

"Rubén acababa metiéndonos en problemas y yo no me lo podía permitir porque estoy en el Ejército", explicó Emilio José, quien aseguró que a partir de la ruptura de relaciones el aludido "se lo tomó como una traición" y empezó contra él una campaña de hostigamiento, con llamadas telefónicas amenazantes del tipo "te voy a reventar la cabeza" e insultos de "maricón" para arriba.

 

En ese contexto relatado por el principal inculpado se habría producido, según éste, el encuentro absolutamente casual registrado en la madrugada del 30 de agosto de 2012 a las puertas del bar 'Sotabanco', en la zona de San Miguel, donde agresor y agredido se toparon en plena calle cuando el primero, como así sostiene, se disponía a ir a su casa tras haber participado con los otros tres encausados en una pegada de carteles y pegatinas de la peña 'Ultravioleta' del Real Valladolid.

 

Ese es el motivo esgrimido por Emilio José G.V, preso desde el día de los hechos en una prisión militar en Alcalá-Meco, sita en Alcalá de Henares (Madrid), para justificar que fuera provisto de un cútter -las acusaciones le colocan un cuchillo o una navaja en las manos- para cortar el celo utilizado para fijar algunos de estos carteles a la pared y que esa madrugada blandió contra su examigo para amedrentarle y lograr que se olvidara de él.

 

"Estaba obsesionado conmigo", resumió el procesado, quien relató que entonces se inició entre ambos un forcejeo, Rubén armado con un vaso y él con el cútter con el que empezó a realizar "amagos" pero sin intentar en momento alguno causarle daño. "Nunca tuve la sensación de que realmente le hubiera herido", indicó Emilio José en referencia a la primera lesión causada a su oponente en el muslo derecho y, sobre todo, el corte en su brazo izquierdo que le seccionó la arteria humeral y provocó una abundante hemorragia.

 

Además, el neonazi, quien mantuvo que sus tres compañeros de banquillo no participaron ni rodearon a la víctima para impedir su huida, como así ratificaron éstos, alegó que la segunda y más grave de las lesiones se la produjo accidentalmente la propia víctima al extender su brazo y tratar de golpearle en la cara con el vaso que tenía asido en su mano.

 

El relato de los hechos, sin embargo, fue diametralmente opuesto al ofrecido por Rubén R, quien aseguró que era él la víctima de las continuas amenazas de su agresor y su grupo tras negarse a salir con ellos, decisión a partir de la cual le granjeó calificativos de "chivato" y "traidor" y se tradujo en mensajes en los que se le advertía de que iban a cesar los puñetazos y los insultos y se iba a pasar a "las armas".

 

SIN FORMACIÓN MILITAR "NO ESTARÍA VIVO HOY"

 

Respecto del día de autos, Rubén, quien se hallaba acompañado de otro amigo, Roberto A.G, herido de un palazo al intentar mediar en la refriega, se mantuvo firme al asegurar que se hallaba en la calle con un vaso en la mano cuando "sorpresivamente" apareció Emilio José armado con un cuchillo o una navaja con el mango negro y "sin mediar palabra" empezó a acometerle.

 

Notó un "calambrazo" en el muslo y sintió "pánico" porque él seguía tirando cuchilladas y éstas cada vez a zonas más altas, con lo que estuvo a punto de caer al suelo pero era consciente de que si pasaba eso acabaría muerto, recordó el herido, alcanzado finalmente en el brazo izquierdo al taparse la zona del cuello de forma instintiva. "He sido militar también y si no es por la formación recibida no estaría hoy vivo", advirtió.

 

Rubén R. lamentó que la lesión sufrida le ha dejado una incapacidad total para su anterior trabajo, el de instalador de placas solares, e incluso le impide realizar otras funciones mucho más cotidianas, como atarse los cordones del zapato, situación que no le ha impedido obtener un empleo como conserje.