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No perder el compás

El tiempo es el instante en que se producen las cosas, los encuentros, la música y la vida.

Ficha Técnica: Laboratorio de las Artes de Valladolid. LAVA. Libertino. Dirección, coreografía y baile: Marcos Vargas&Chloé Brûlé. Dirección adjunta: Evaristo Romero. Textos e interpretación: Fernando Mansilla. Cante: Juan José Amador.

 

El placer recobrado en esta noche de color atabacado aúlla a la entrada del LAVA. Un viento como de frontera invitaba a buscar refugio en la Sala Concha Velasco que fue tomada por un público alegre y dicharachero dispuesto a despedirse por unas horas de la familia y crearse una realidad supletoria durante 60 minutos.

 

Hay músicas que entran en tu vida como quién desliza sus dedos por un cristal. Cantaba Juan José Amador: “Y al que le dé que me perdone / yo voy tirando piedras por la calle/ ¡ay! tiro piedras por la calle/ y al que le dé que me perdone/tengo la cabecita loca/ de tantas cavilaciones/yo voy arrancando las piedras de la calle/ y al que le dé que perdone”. El público disfrutaba de manera consciente de la autenticidad y saboreaba los matices vitamínicos de la danza de Vargas y Brûlé que derrochaban elegancia y dulzura a partes iguales. Como bien decía Montaigne “es el gozar, no el poseer, los que nos hace felices”.

 

La atmósfera que creó Fernando Mansilla desde el minuto uno, cuando se encendió un “caliqueño”, con esa voz que se expandió por la oscuridad de la sala diciendo que no le gustaba el flamenco, que hay que saber llevar el compás, que va a soltar el pájaro de la jaula… Chloé Brûlé nos ofreció una actuación cosida a mano: artesanía pura. Durante toda su actuación demostró por qué puede haber más sofisticación en la austeridad y el despojamiento que en la opulencia. Nos dejó, en algunos momentos, el alma en vilo. Anestesiados. El cante, el tiempo, y la memoria se cruzaban. Y sabes a lo que me refiero.

 

El público asistente disfrutó del espectáculo y eso es un activo que el LAVA lleva inscrito en su ADN. Porque Juan Casares, Olga, María y Atila ya se encargan de envolver en papel de celofán el regalo que en sí el arte. Ponerse a explicar su trabajo diario y festivo sería tarea imposible, tan imposible como explicar el amor a primera vista.

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