No hay plan B, ni ningún otro

No hay plan B. Y siendo eso malo, peor aún resulta que tampoco haya plan A. Vamos que no hay ningún otro plan que resistir en el cargo. ¿Qué otra cosa podríamos esperar del presunto autor de 'Manual de resistencia'? Es más que dudoso que el actual presidente, con su Gobierno de coalición podemita/nacionalista/independentista nos pueda ayudar a salir de esta mejor parados de lo que lo haríamos sumidos en el caos. Quiero decir, en otro caos distinto. Pero, de nuevo, lo peor es que no parece centrado en eso. Ni en trazar un plan de salida, ni un plan B, ni ningún otro plan con ninguna otra letra del abecedario. En lo que sí parece que está, y eso, hay que reconocerlo, lo hace muy bien, es en derribar el único obstáculo que le podría impedir pasar los próximos años de tremenda crisis en la comodidad del colchón de su palacio monclovita.

 

Poco hay de estrategia para salir de la crisis, ni un amago de escuchar a los científicos, a los empresarios, a los autónomos, a los hosteleros, a los parados... Todo se va improvisando según convenga para conseguir votos y apoyos. La desescalada se diseña a la medida de las presiones de Podemos, del PNV o, según sea necesario, de lo que haga falta para camelar a Ciudadanos o a cualquier otro que se ponga a tiro. No hay tests, no hay estudios de impacto económico y tampoco hay criterios claros para pasar de una fase a otra. Fases en las que además se va improvisando cada día lo que se podrá hacer y lo que no, según apriete la opinión pública o los sondeos de opinión, que Moncloa maneja con gran habilidad.

 

Pero mientras tanto, lo que Sánchez sí ha sabido hacer, para eso es un maestro, es situar al PP donde él quería, al borde del abismo y muy cerca de la irrelevancia. A base de acoso, ninguneo, insultos y otras triquiñuelas, Sánchez ha conseguido que el inexperto Casado mordiese la semana pasada el anzuelo y amenazase con votar en contra del estado de alarma. Casado rectificó en el tiempo de descuento, pero se ha dejado muchos pelos en la gatera. Parece increíble que no la viese venir antes.

 

Pedro Sánchez ha demostrado una vez más su habilidad política. En un momento en el que él tendría que estar en el centro de todas las críticas, ha sabido acorralar al PP y colocarlo en el dilema perverso de elegir entre seguir apoyando al Gobierno a cambio de nada o convertirse en el blanco del aparato de agitprop de Redondo y en el culpable de todos los males de España, presentes, pasados y futuros. En el culpable de todas las muertes. Sánchez ha convertido al partido conservador en el protagonista de la polémica política y con un golpe de su varita lo ha sumido en la intrascendencia de la abstención.

 

Como le dijo a Casado la poligonera Lastra en el Parlamento, “todos los españoles recordarán que mientras la sociedad venció al virus, usted solo pensaba en vencer al Gobierno”. Y es posible que no sea eso, ya que si el PP de verdad lo que quiere es sacar a Sánchez de la presidencia, lo que debe hacer es apoyar todas sus decisiones “por sentido de estado”, dejarle hacer. Y ver, sentado desde su puerta, cómo pasa el cadáver de su enemigo a hombros de la peor recesión económica de la historia contemporánea y obligado por Europa a la mayor época de recortes que van a recordar nuestros nietos. Pero el cadáver de Pedro no irá solo. Irán con él los miles de muertos por el virus y los millones de defenestrados por su nefasta gestión económica.

 

Ese es seguramente el cebo que ha mordido el PP, preocupado por lo que pasa y lo que va a pasar, y tan eficaz en la gestión económica como torpe en las batallas de la política y la comunicación. Una debilidad estructural que atenaza a este partido desde los tiempos de Aznar. En este aspecto, el PP no progresa adecuadamente, como tampoco lo harán nuestros hijos bajo la batuta de Isabel Celaá.

 

Ese es el gran problema, que mientras los que podrían aportar en la gestión se encallan en la comunicación, los que ganan el relato nos conducen al abismo. Cuando abran las iglesias, mezquitas y sinagogas, más nos vale ponernos a rezar, que crucen los dedos quienes no crean en otra cosa, para que alguien en el Gobierno, aunque sea empujado por la presión de verse en la calle, se ponga a diseñar un plan congruente. Que escuche y se deje asesorar por empresarios, científicos y expertos. Que recoja y reúna las mejores ideas y estrategias. Un plan que convenza a Europa, en el que no tengan cabida ideologías trasnochadas y con el que podamos salir adelante con el menor daño posible, que en todo caso no va a ser poco. Todo lo demás, es el caos.

Comentarios

Tenemos remedio? 08/05/2020 19:28 #4
Usted no es más que otro juntaletras con más odio que humanidad
DR 08/05/2020 15:39 #3
Usted es el que le escribe los discursos a Casado, ¿verdad?
Seguimos vivos 08/05/2020 14:07 #2
Todos muertos si estuviera la derecha, que se vende por un puñado de dinero
Segoviano 08/05/2020 13:32 #1
El plan B de Barcenas y se sobres en B es echar a los fachas de España que aún queda alguno y sobre todo a los que escriben burradas como ésta, de un tal Diego

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