Nevasa asegura que tan solo el cinco por ciento de las incineraciones es seguida por los familiares

Imagen de las instalaciones del tanatorio de Las Contiendas.

El director de Nevasa relata cómo es el proceso de incineración de un cuerpo y cómo los familiares pueden asistir a la preparación del féretro y a su introducción en el horno a través de una pantalla.

La estafa era tan sencilla como el engaño. Los réditos millonarios. El ‘Caso Ataúdes’ ha desvelado el ingenio al servicio de un negocio de lo más macabro. Según la Policía Nacional, Grupo El Salvador habría estado más de veinte años (desde 1995) cambiando ataúdes por otros de “ínfima” calidad instantes antes de que el cuerpo entrase en el horno incinerador. Llegó a ser tal la falta de escrúpulos que, incluso, los cadáveres se introducían “en féretros incompletos”, tal y como desveló el comisario provincial de Policía, Juan José Campesino.

 

TRIBUNA  ha querido comprobar si la estafa era sencilla: la respuesta es sí, de forma rotunda. Desde el tanatorio de Las Contiendas, perteneciente a la funeraria municipal NEVASA, se explica que aproximadamente en tan solo un cinco por ciento de los casos, los familiares deciden quedarse para ver los preparativos del féretro antes de ser introducido en el horno crematorio.

 

“En nuestras instalaciones tenemos dos hornos, que se encuentran en un edificio aislado. Desde hace 25 años que funciona nuestro servicio de incineración tenemos instalado un circuito cerrado de cámaras, para que los familiares puedan seguir estos momentos desde una sala. Hay que darse cuenta de que los hornos crematorios alcanzan temperaturas de 1.000 grados y por lo tanto no se puede estar presente en este lugar. Por eso nosotros ofrecemos el poder ver cómo se prepara el féretro e incluso como se introduce en el horno, a través de una pantalla de televisión. Tan solo en el cinco por ciento de las incineraciones se solicita ver el proceso”, dice José Luis Burgos, director de NEVASA.

 

Burgos explica que el proceso de incineración del cuerpo, que puede durar entre hora y media o dos horas, comienza con la preparación del féretro: “Se extrae el vidrio de la caja, para que no deteriore la solera del horno, se quitan los herrajes exteriores, como por ejemplo el crucifijo o cualquier otro elemento metálico y por último se introduce el féretro completo, a través de un rodillo, en el horno. Anteriormente hemos preguntado a los familiares si el cadáver puede tener algún tipo de prótesis, o marcapasos… y es cuando informamos de la posibilidad de contemplar todos los preparativos a través de un circuito cerrado”.

 

Lógicamente, en caso de que los familiares rechacen asistir a estos preparativos, el cambio de un ataúd por otro es una maniobra sencilla.Si eres un sinvergüenza, puedes dar el cambiazo”, alerta Burgos, quien cree que esta práctica: “es una canallada, alejada de todo nuestro código deontológico, aprovechándose del dolor y la confianza de los familiares; no tiene nombre”, asegura el director de NEVASA, quien no obstante es cauto y prefiere esperar al pronunciamiento del juez para conocer lo qué ha pasado en el tanatorio de la competencia.

 

Burgos continúa con el relato del proceso. “Tras aproximadamente una hora y media o dos horas de incineración se obtienen las cenizas”. A los familiares solo se les entrega los restos del cuerpo, convertido en un puñado de ceniza. “Las cenizas del cuerpo humano y las de la madera del féretro son de distinta densidad, por eso y gracias a un proceso, se obtendrán solo las del cadáver, cuyo volumen no es superior al de una botella de medio litro”.

 

LAS FLORES

 

Otro de los elementos que pueden engrosar la estafa son las flores, que precisamente no son baratas. En el tanatorio de las Contiendas el procedimiento es el siguiente. Si las cenizas se van a depositar en un panteón, nicho o columbario, en definitiva, en un cementerio la familia podrá llevarse consigo las flores. En caso de que no las quieran, Nevasa se encargará de reciclarlas convenientemente o depositarlas en un vertedero. “Pero nunca se reutilizan”, advierte José Luis Burgos, quien reitera que la familia está en su derecho de llevarse las flores “que para eso las han pagado” y hacer con ellas “lo que quieran”.

 

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