“Nepal es un país precioso pero la pobreza es general, no solo de dinero sino de educación”

El vallisoletano Guillermo Mucientes realizó un voluntariado en el estado asiático, a los pies del Himalaya, donde las carencias ya existían mucho antes del terremoto.

¿Te puede cambiar la vida la celebración de tu cumpleaños? La pregunta no es el inicio de un tráiler sino el comienzo de una historia real que llevó a tres vallisoletanos hasta Nepal para realizar una labor de voluntariado en un país en el que, más allá del terremoto de magnitud 7,8 sufrido en abril de 2015 y que desoló la capital Katmandú, la pobreza lo invade todo.

 

Por febrero o así (de 2016), cuando estuvimos celebrando el cumpleaños de los tres, lo hablamos por primera vez”. El relato es de Guillermo Mucientes, vallisoletano, ingeniero de minas, y vocalista del grupo local ‘Octubre Polar’, quien junto con Adrián Sutil y Mariano Pérez emprendió esta “experiencia transformadora”. “Yo llevaba mucho tiempo pensando en un voluntariado, y buscando apareció la ONG Nepal Sonríe, que enseguida nos dijo por dónde podía ir nuestra acción. Se pensaban que nos íbamos a arrepentir y a dar la vuelta” recuerda Mucientes.

 

A principios de octubre los tres vallisoletanos volaban hacia Nepal. Guillermo y Adrián estaban destinados a Bastipur para ayudar en la construcción de un colegio mientras que Mariano fue enviado a Hetauda, una de las ciudades más grandes de Nepal donde la ONG regenta una Bal Griha, o casa de acogida para menores con discapacidad y ‘almas libres’. “Son niños a los que se les muere el padre y se quedan con la madre. Pero si esta encuentra a otro marido, abandona a los pequeños, que normalmente se quedan con otros familiares pero no siempre tienen esa posibilidad”.

 

UNA SOLIDARIDAD CONTAGIOSA

 

En el equipaje de Mucientes había muy poca ropa y muchos instrumentos. Esta fue la respuesta a su llamada, tal y como lo explica: “Cuando llegué hice un taller de música, para lo que pedí ayuda antes de viajar. Muchos particulares me dieron sus instrumentos y ahora tengo tantos que mi idea es venderlos y donar el dinero que consiga”.

 

Una muestra de que las personas responden, algo que ha confirmado a su vuelta a España. Con sus recuerdos el vallisoletano ha elaborado un pequeño diario que, gracias al altruismo de un encuadernador, se ha convertido en el libro ‘Buscando taras en el cielo’ que ahora Mucientes vende, a cambio de la voluntad, para recaudar dinero para la ONG. “Es mi forma de agradecer lo que he aprendido, esta experiencia te transforma más a ti de lo que tú puedes hacer allí. El que vaya pensando que va a cambiar el mundo está equivocado –reconoce humildemente el autor-. Con 350 euros se ha hecho todo el presupuesto de pintar y la instalación eléctrica”.

 

“EN NEPAL VES POBREZA DE VERDAD”

 

El contacto directo con los escolares sirvió a Guillermo para comprender la realidad en la que viven los nepalíes de zonas rurales. Con la construcción de la escuela, el proyecto de la ONG, “se quiere garantizar la educación hasta los 9 años, que es cuando se incorporan al sistema nepalí”. Pero no todos tienen el ‘privilegio’ de ir a la escuela. “Hay niños que no van al cole porque ya trabajan. Se veía a niñas de ocho años con niños de tres a la espalda, para llevarlos al colegio, y ellas luego iban a trabajar al campo”.

 

El grave terremoto que sufrió el país sirvió para poner en el mapa de occidente esta zona de extrema pobreza, aunque las carencias existían mucho antes. “Ves pobreza de verdad. 200 rupias eran como un euro y medio al cambio, y nosotros hablábamos de esa cantidad como si nada. La madre de la familia que nos acogió nos dijo que ese dinero era una camiseta nueva, y allí casi siempre llevaban la misma camiseta y los mismos pantalones”.

 

Nuestra familia era rica, pero la diferencia con una pobre pueden ser los animales, que tengan más o menos”.

 

 

Una pobreza que inunda todo. Por ejemplo la infraestructura, en un país de orografía compleja, tampoco acompaña. “Tienen mucho transporte público pero está abarrotada. Muchas son carreteras de tierra, igual para hacer 80 kilómetros tardas 6 horas. Son muy buenos conductores porque solo vi un par de accidentes y eso que la circulación era un caos absoluto”.

 

La alimentación es otra de las patas que hacen evidente la pobreza. “La mayoría de nepalíes no come carne. Comen arroz, a todas horas, y una mezcla de verduras que lleva lo que cada uno cultive. Y a todo echan picante” relata Mucientes, que también recuerda la falta de medios para desarrollar el trabajo, con medidas de seguridad precarias.

 

Pasaba cada diez días el camión de la basura y vibraba hasta la casa, era un camión viejísimo. Pero giraba dos calles y tiraba todo al río. Las ciudades están muy sucias, los niños juegan con los desperdicios, con cuchillas… No tienen tratamiento de residuos”.

 

LA EDUCACIÓN, BASE PARA ESCAPAR DE LA MISERIA

 

Según cuenta Mucientes, es frecuente que los varones estudien hasta los 18 años, y luego comiencen la universidad. Pero hay una deficiencia de conocimiento técnico que juega en contra del país. “Ellos construyen con ladrillo y hormigón. Tras el terremoto construyen con capas muy grandes, con paredes muy gruesas. Pero no saben que la estructura no va a aguantar mejor por ser más gorda, fractura” ejemplifica este ingeniero de minas, que pone otros casos similares: “Nunca dejan las casas construidas sino que mantienen los cimientos de acero como proyectando un nuevo piso, es su aspiración. Eso es muy peligroso porque en época de monzones atrae los relámpagos, y mucha gente muere”.

 

La pobreza es general. No solo de dinero, también de educación. Hacen las plastas de caca de búfalo, se lavan un poco las manos, y comen. Durante las comidas podían eructar, tirarse un pedo o sacarse comida de la boca".

 

Nepal es un país “precioso, que no se puede describir con palabras”, con una gente “maravillosa en donde todo el mundo te invita a sus casas”. Un estado a los pies de la cordillera más alta del mundo, el Himalaya, donde “los hijos están pegados al Facebook y al Whatsapp” pero que, tecnología aparte, “viven como en España en los años 60”. Y, además de todo eso, para Mucientes, Sutil y Pérez Nepal es el destino que les ha permitido vivir de primera mano la crudeza de un planeta en el que nosotros somos los privilegiados.