Nekrassov

La crítica cultural de Ágreda en Tribuna de Valladolid.

Ya saben aquello que decía Groucho Marx en su imprescindible película Sopa de Ganso, “estos son mis principios, si no les gustan,  tengo otros”. El espectador sabe desde el minuto uno que los concepto de verdad y mentira  no son relativos. Si la mentira se convierte en la piedra angular de la comunicación  política, apaga y vámonos.  ¿En quién vamos a poder confiar?

 

Porque una cosa es discrepar de lo que pasa y hasta equivocarse en su lectura .Y otra cosa muy diferente es establecer un sistema de comunicación manipulado y organizado permanentemente por el poder. ¿Está el público preparado para escuchar la verdad como categoría suprema que reine en su vida cotidiana?

 

El Teatro Abadía presenta en el Teatro Calderón Nekrassov de Sartre y permite al respetable recrear durante noventa minutos todas las pasiones del género humano y su escapatoria.  Y pensar. Mejor dicho, posicionarse ante los hechos. Porque el pensamiento no existe, solo importa  de qué lado estás.

 

Todo funciona en Nekrassov: interpretaciones, puesta en escena, música, escenografía… ¡Todo! Los cambios de ambiente son sorprendentes, rápidos, a toda mecha. Nekrassov tiene estratos de verdad  profundos, verdades como puños que los intérpretes llevan a cabo con fidelidad al texto y a la situación requerida.

 

“No se trata,  en el teatro de hacer saber, de dar a conocer nada, de fijar simplemente en la memoria hechos que merecen ser indelebles; se trata ante todo de revivir, de hacer resucitar algo que ya pasó, más  que de algún modo ha de seguir pasando, y no solo para que se sepa y no se olvide, sino para que sea vivido”. María Zambrano. El origen del teatro.

 

En estos tiempos dominados por la emoción del espacio público, donde bulos, verdades a medias, populismos de corta y pega, propuestas incumplibles y emociones que corroen a la ciudadanía es urgente recordar que lo que tiene que primar son los intereses generales y por qué no, universales que entronicen de manera equitativa el corazón y los asuntos.

 

¿Va de eso Nekrassov? Puede ser. Lo ha dicho Obama recientemente “Debemos rechazar rotundamente, en boca de nuestros líderes, cualquier lenguaje que fomente un clima de miedo y de odio o normalice los sentimientos racistas”. Obama sabe lo que dice. Vayamos al grano. La democracia, (o lo que es lo mismo: el Estado de derecho) ofrece a los ciudadanos protección, control y respeto al bien general. Todas las personas son dignas simplemente por el hecho de serlo.