Nadie se duerme camino del patíbulo

El director Alexander Polyanichko no interpreta la partitura la escudriña. Y extrae un recorrido sonoro y una fuerza que sobrepasa la conquista del perfeccionismo. Shostakóvich suena dionisiaco y apolíneo a partes iguales. Humano y sobrenatural. Polyanichko dirige la OSCyL como si estuviera en medio de un huracán.

FICHA TECNICA. Valladolid. Centro Cultural Miguel Delibes. Sala Sinfónica. 12 Abono de temporada. Orquesta Sinfónica de Castilla y León. OSCyL. Director: Alexander Polyanichko. Violín: Eric Silberger. Violonchelo: Thomás Arnau. Piano: Varvara. Programa: Ludwig Van Beethoven. Triple concierto para violín violonchelo y piano en do mayor, op.56 y Dmitri Shostakóvich. Sinfonía nº 5.

 

Beethoven y Shostakóvich requieren esta noche del espectador su participación, su compromiso físico y mental. Invitan a proyectarse en la música (en el aire sonoro) y crear cercos de empatía. Todo parte de la escucha y acaba en la imaginación.

 

Esta noche, el que resulta más complejo es Shostakóvich. Hay que realizar un gran esfuerzo para entenderle, para simplificarle y eso solo consigue si eres capaz de desvelar, como decía John Cage “la sonoridad del silencio”.

 

Con el compositor ruso no existe el término medio. Nada extraño ya que el ser humano, como nos explican los griegos no son pura y enteramente buenos, sino que dentro de nosotros también hay muchas cosas malas y es necesario gestionar las emociones. Cosa que no ocurre actualmente. Hoy, si somos felices somos inmensamente felices y si somos tristes somos las personas más desgraciadas que pisan la tierra.

 

Shostakóvich vivió cuando gobernaba Stalin que fue responsable de la muerte de muchos seres humanos y según algunos historiadores parece ser que disfrutaba decretando el exterminio de millones de personas. Tenía instintos sádicos. Cuentan que el compositor ruso dormía vestido porque era consciente de que su vida pendía de la voluntad de tirano ruso.

 

Pero esta noche estoy disfrutando de su Quinta Sinfonía porque están presentes la fuerza y la dulzura, la violencia y el placer y no es difícil de reconocer ese sentimiento de euforia, tristeza y presagio que se escucha en una de sus sinfonías más logradas. Escribía John Donne que “Nadie duerme en la carreta que lo conduce de la cárcel al patíbulo”.

 

No se oye una mosca en la Sala Sinfónica; es esa misma sensación que tienes cuando vas al urólogo y le ves ponerse el guante… Termina la sinfonía con la sensación de que el camino verdaderamente misterioso siempre va hacia el interior.