“Nadie está preparado para esto a nivel psicológico, nos va a dejar marcados”

La enfermera Soraya Martín cuenta su experiencia en la lucha contra el COVID-19 en el Hospital Clínico Universitario de Valladolid y demanda más valor y apoyo a los profesionales de la Sanidad Pública

Soraya Martín, enfermera en el Clínico de Valladolid. TRIBUNA

Casi un mes lleva la enfermera Soraya Martín en la décima norte del Hospital Clínico Universitario de Valladolid, donde la reclamaron al inicio del Estado de Alarma para formar parte de la primera línea de lucha contra el coronavirus COVID-19. Una batalla que enfrenta cada día con fuerza para atender a los pacientes que combaten la enfermedad casi en soledad.

 

“Nadie está preparado para esto a nivel psicológico, nos va a dejar marcados”,  subraya esta enfermera de 24 años que desde hace tres semanas hace más de 40 kilómetros desde su localidad de origen y residencia, Íscar (Valladolid), para asistir a su turno en el hospital de la capital.

 

Con el inicio del Estado de Alarma, la joven recibió una llamada a las 14.00 horas para incorporarse a las filas del centro a las 15.00. Solo una hora en la que preparó sus cosas y acudió decidida al combate contra el COVID-19. No tenía que pensarlo, pues incluso antes de ello había buscado la forma de irse a ayudar a Madrid. "Menos mal que esperé por si aquí al final necesitaban gente".

 

“Cuando llegué se me vino el mundo encima, reconoce, “por mucho que sepas de Enfermería, no sabes a lo que te enfrentas”. La ayuda de sus compañeros de planta le hicieron adaptarse rápido y de la mejor forma, dentro de lo que permite la situación, si bien destaca que se trata de un trabajo  “muy duro” tanto en el aspecto físico como en el psicológico.

 

A la incomodidad de los EPIS, indispensables para su protección, la carga de trabajo o el agotamiento, se suma la gran carga psicológica de ver la condición en la que se encuentran los pacientes que, atendidos de la mejor forma posible, batallan contra la enfermedad la mayor parte del tiempo en soledad.

 

“La única visita que tienen es la de los médicos o las nuestras, que suelen ser dos veces por turno”, explica Soraya Martín, quien lamenta la falta de tiempo y medios que le impiden dedicarse a charlar detenidamente con los pacientes o, incluso, ayudarles a hablar con sus allegados. “A los mayores les agarró la mano, para que sientan como si fuese su familia”, relata, “por desgracia muchos mueren sin ver a sus seres queridos”.

 

Así como les expresan su pesar, los afectados comprenden el esfuerzo que ante esta situación están realizando los sanitarios y les muestran “muchísimo agradecimiento”, como explica la enfermera. Llega la hora de los aplausos y, desde sus camas, los atendidos se unen al clamor de las ventanas, puertas y balcones para mostrar su cariño a sus “ángeles”.

 

“Algunos aprovechan para aplaudirte antes o después de las ocho, cuando entras a darles la cena o ponerles la medicación”, cuenta Soraya, al tiempo que recuerda con alegría cómo se aplaude a los pacientes que después logran vencer y reciben el alta. “Te llama a aplaudirle, decirle que es un valiente”, sostiene.

 

La emoción y el apoyo que siente esta enfermera con acciones como los aplausos, es enorme, pero apunta: “Ahora estamos viendo quienes son los profesionales imprescindibles, los de los servicios básicos, sanitarios, limpiadores, camioneros, cajeros, operarios o medios de comunicación..., y no otras profesiones que teníamos en una élite”.

 

Cuando llegué el fin de esta situación, esta joven enfermera espera que la sociedad valore la labor de los sanitarios que “están arriesgando su vida” y que reciban un trato justo tanto por parte de los pacientes en las consultas como de las administraciones en sus condiciones.

 

APOYO A LOS PROFESIONALES 

 

“Hace dos años acabé la carrera y soy víctima de los contratos que nos hacen día a día”, lamenta Soraya, quien hasta su incorporación al frente sanitario del Clínico había trabajado en Atención Primaria en Valladolid Este. “El compañerismo es lo que te hace tirar hacia delante, he tenido compañeros extraordinarios”, recuerda.

 

Defensora de la Sanidad Pública, la enfermera iscariense también llama a los ciudadanos a pensar en lo que cuesta la atención sanitaria y pone el foco en los “magníficos profesionales” que ésta alberga: “La Pública tiene unos cuidados de calidad, solo falta más apoyo, sobre todo a los profesionales”.

 

Hoy, mañana, pasado y el resto de días que quedan hasta vencer al virus que asola el mundo y ha cambiado tantas vidas, Soraya, al igual que muchos, tendrá que acudir a su turno en una de las zonas con mayor probabilidad de contagio, a pesar de la protección. “No tengo miedo a cogerlo por mí, sino por si luego se lo transmito a mi familia”, señala.

 

Para evitar esto, una vez sale del hospital sigue todas las medidas posibles de desinfección. Al llegar a casa, después de ello, se recluye en su habitación y pasa la mayor parte del tiempo sola y sin contacto con su familia, como muchas personas.

 

“Espero que este parón haga que nos demos cuenta de lo realmente importante, que aprendamos a valorar a los profesionales esenciales y a la familia y amigos”, ansia. Y es que, a pesar de los “días tristes” y el desgaste físico y emocional, espera que lo que quede sean esos “lazos que se están fortaleciendo”.

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