Nacho Carretero. Gabinete de curiosidades
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Nacho Carretero. Gabinete de curiosidades

Palabras contra el Olvido, la crítica cultural de Ágreda en Tribuna Valladolid.

Nacho Carretero ha aprendido de sus maestros que el retrato es un territorio íntimo y un desafío formal.  Sabe que lo esencial es descubrir lo verdadero de cada situación y tener un punto de vista propio sobre esta verdad. En todos los retratos de esta exposición la tensión interior y la vulnerabilidad del artista saltan a la vista.

 

Una de las cosas más difíciles de la fotografía es crear intimidad y hacerla creíble. Mirando las fotografías de Nacho Carretero vuelves a recordar. Recuerdo  aquel día  cuando mi abuela Apolinaria hizo trizas todas las fotos de su cartera y luego se pasó toda la tarde  recomponiendo los añicos en blanco y negro. Había sido un berrinche y lo habían  pagado las fotografías que tenían toda la culpa.

 

Para Nacho Carretero el mundo tiene los mismos límites que tienen sus fotografías. Todo lo que sucede fuera  de su objetivo no le importa. La fotografía no le supone ningún esfuerzo supletorio porque con ese cuerpo que tiene de fotógrafo de trinchera mantiene intactas la ilusión y las ganas,  única manera  de seguir haciendo las cosas, de seguir en la brecha.

 

Hay algo en las fotografías de  la Sala de Exposiciones de Palacio Pímentel (Angustias, 44) que funciona como  gragea, pastilla o mejunje, como bálsamo. Algo como esos antibióticos que te tomas uno y se te pasa la fiebre y el malestar general. El espectador, el que mira, el paseante solitario es consciente que todas estas fotografías tienen muchas capas, perspectivas, olores y colores  que técnicamente están resueltos de manera muy brillante y que tienen alma.

 

Y resultan emocionantes. Siempre he sentido fascinación por los retratos. Mi casa estaba llenas de retratos de mi familia. Conocía ciertos lugares… Puigcerdà… la otra en el Ferral, esa  en Bilbao… y esa…   el día del lunes de agua…la primera comunión de mi hermana… la fotografía de mi madre en el salón rodeada de sus nueve hijos.

 

Diego no conocía la mar. El padre, Santiago Kovadloff, lo llevó a descubrirla. Viajaron al sur. Ella, la mar, estaba más allá de los altos médanos,  esperando. Cuando el niño y su padre alcanzaron por fin aquellas cumbres de arena, después de mucho caminar, la mar estalló antes sus ojos. Y fue tanta la inmensidad  de la mar, y tanto su fulgor, que el niño quedó mudo de hermosura. Y  cuando por fin consiguió hablar, temblando, tartamudeando, pidió a su padre: “¡Ayúdame a mirar!” (El libro de los Abrazos, Eduardo Galeano).

 

Entra en la Sala de Exposiciones de Palacio de Pímentel, ¡mira!  y descubre el secreto de un secreto que cuanto más te dice, menos sabes.

 

Sala de Exposiciones de Palacio Pímentel. Nacho Carretero. Gabinete de curiosidades. Del 23 de mayo al 30 de junio de 2019.