Música y fuego
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Música y fuego

Para interpretar a Gershwin, a Bolcom y Bernstein hay que creer fervientemente en ellos: no valen medias tintas. Wayne Marshall, el director que dirige esta noche la OSCyL lo hace, se percibe en los primeros compases cuando suena en la Sala Sinfónica Jesús López Cobos del Centro Cultural Miguel Delibes (CCMD) Strike Up The Band de Gershwin y los oídos de los oyentes se llenan de imágenes y  de películas americanas.

 

La portentosa batuta de Wayne Marshall traduce los movimientos de la partitura de W. Bolcom  y el sonido – el aire sonoro- de la OSCyL  lo traduce y lo convierte por arte de magia en una cosmología visual y sonora que inunda el patio de butacas.

 

En tiempos convulsos la música sigue siendo una lección de vida, de esperanza  y coraje, de equipo y de empeño colectivo. Hombres y mujeres, directores, mezzosopranos, músicos, etc. respirando y latiendo juntos en el claro-oscuro de esta sala. La música une, esta noche especialmente el público y la orquesta y el director están contentos y eso se nota.

 

Cuando salió a escena la mezzosoprano Allison Cook con esa sonrisa iluminó la sala y empezó a cantar Summertime de Gershwin y  todos los secretos de su aterciopelada voz se hicieron visibles y nos descubrió  el misterio de la canción que llegó al corazón del público al instante,  brillando como un relámpago en la lejanía del tiempo. 

 

Con sus gestos, sus miradas, sus guiños, su risa, la manera de moverse, estoy seguro de que se quedó con ganas de dar unos pases de baile, que energía tiene Wayne Marshall y que talento, que bien se acopló a la OSCyL y viceversa,  nos descubrió todos los estados de ánimo por los que transcurrió la vida de Gershwin, Bolcom y Bernstein.

 

Escuchando a la mezzosoprano Allison Cook la percepción del tiempo y el espacio en esta tarde primaveral pone en alerta todos los sentidos. Su voz sugiere al oyente una emoción sostenida que le llega al alma. Su voz, ágil, certera, policromada, ilustra las canciones de Bernstein y dan ganas de cerrar los ojos. Cerrar los ojos para que los sonidos de su voz puedan hablar del tiempo y del sentido que tiene la escucha y el silencio. Porque su voz te toca y te sacude porque tiene presencia física.

 

En definitiva,  una de esas noches inolvidables porque estar aquí,  en esta sala,  es tiempo ganado, un tiempo feliz y una inyección de energía pasa salir ahí fuera.