Música y formas

Crítica cultural de Ágreda.

La seriedad interpretativa del violinista Vadim Gluzman impresiona a primera vista. Su técnica y su musicalidad son de una seguridad a prueba de paladares exigentes. Su rostro serio acompaña al gesto adecuado y exacto en la ejecución del Concierto para violín de Chaikovski. A los diez minutos del concierto ya te has acostumbrado a sus modales exquisitos y a su forma de tocar depuradísima.

 

El violín de Vadim Gluzman tiene todos los sonidos del mundo. Su discurso permite al oyente ensimismarse y tener la cabeza en otro sitio, que es de los que se trata. Porque cuando se vive la música y se expresa de esta manera el oyente lo agradece. El agradecimiento va unido siempre al disfrute. Al disfrute de la música en directo, aquí, en la Sala Sinfónica Jesús López Cobos.

 

Esta noche se nota que existe una mutua admiración entre el Director  Pinchas Steimberg – que dirige la OSCyL- Vadim Gluzman y la Sinfónica. Admiración, trato y respeto que se retroalimenta para que el intercambio de conocimiento fluya y llegue al patio de butacas en forma de sonido que dota  de sentido al concierto segundo de la temporada.

 

La noche – qué gusto entrar anochecido en el CCMD- deviene en uno de los mejores momentos del día. Por qué será que a la música de Chaikovski le pega también la noche, donde toda se relaja y hay tiempo para el gozo. A esta hora, todo se aplaza y se disipa. El ruido del mundo desaparece y surge el tiempo de la ensoñación y las metáforas encuentran su territorio predilecto.

 

Que posiblemente estemos escuchando una de las mejores orquestas sinfónicas de España, nadie lo duda. La Sinfonía nº 5 de Chaikovski  que  nos ofrece la OSCyL dirigida por Pinchas Steimberg lleva el justo equilibrio y  tensión para que llegue con toda la fuerza al respetable,  posibilitando –a poco que ponga de su parte- su impacto emocional, que para eso ha salido de su casa,  ¡caramba!

 

Steiner dejo dicho que la música es un lenguaje muy abstracto, muy codificado y al mismo tiempo asemántico, pero capaz de un efecto muy hondo sobre nuestra conciencia.  Ah, y otra cosa: cuando se viene a un concierto no hay que tener prisa, hay que quedarse sentado educadamente hasta el final, que el personal cada vez pierde las formas y sin formas, ya se sabe lo que pasa, solo hace falta poner los noticiarios.