Música para camaleones
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Música para camaleones

¿Qué secreto encierra el Gloria RV 589 de Antonio Vivaldi?

¿Qué secreto encierra el Gloria RV 589 de Antonio Vivaldi? Será  que lleva dormido todo el año y esta tarde en la Sala Sinfónica Jesús López Cobos,  la OSCyL la resucita para que los oyentes puedan emocionarse, sentir e imaginar. Si cierras los ojos, la música, como decía Leibniz,  se convierte en  una ecuación inconsciente del alma. Y sabe tocar la fibra, en eso reside su genialidad.

 

Vivaldi, nadie lo niega ya a estas alturas, es un compositor sabio con un conocimiento musical comparado con Bach, pero más fiestero.Veneciasiempre está presente en su partitura, la tranquilidad de sus plazas, el silencio de sus hoteles, el fuego y la fiesta del carnaval resuenan en todas sus notas.

 

Vivaldi, veneciano de pura cepa como la basílica de San Marco, o el Hotel Danieli, es poliédrico y exuberante  como la ciudad. Era cura, pelirrojo,  excesivo y explosivo a partes iguales, no daba misa porque decía que le cansaba. Oyendo su música esta noche uno diría que resulta de una vitalidad desbordante aunque parte del público la escuche con los ojos cerrados.  

 

La OSCyL; Ulrike Haller, soprano; Delia Agúndez, soprano; Marta Infante, contralto; Carles Prat tenor;  Josep Ramón Olivé,  bajo;  y los coros: Alterum Cor y Coro Piccolo, dirigidos por Jordi Casas permiten que llegue a todos los rincones de la sala sinfónica  incontables melodías que nacen de un número limitados de notas. He aquí uno de los misterios más sublimes de la existencia de la música,  en cuyo espejo se reflejan todos los afortunados espectadores  que llevan pensando en este concierto toda la semana.

 

Y luego llegó Marc-Antoine Charpentier y su Te Deum en re mayor, H, 146 y nos recordó a todos que la vida puede llegar a ser absurda, pero que el absurdo se sobrelleva mejor con un concierto de música. Y siempre, siempre, con la alegría de escuchar que es tanto como recuperar a cada instante el gusto por vivir.

 

Pero me quedo con Vivaldi. Su Gloria lleno de plenitud y absoluta perfección, atrapa la vida y los sueños; del dolor más profundo a la alegría más luminosa. Y en estos tiempos que estamos viviendo, su Gloria es más bello, es sublime, lo cuenta todo, lo perdona todo, lo sabe todo y nunca, nunca deja de sorprenderte.

 

Dicen de Robert Louis Stevenson que cuando era feliz, se sentía impulsado a dar las gracias por esa inmerecida alegría; cuando estaba apenado o sufría algún dolor, a pedir fuerzas para soportar lo que hubiera que soportarse. Felices días.