Música contra la tos ajena

La Crítica Cultural de Ágreda.

Para decirlo corto: el concierto número 8 de la temporada de la OSCyL ha estado bien estructurado, ejecutado y dirigido, con emoción creciente y con un final incontenible que permitió a los espectadores vivir el presente y olvidarse de la nostalgia. Esta noche, el concierto honra  por igual al director, al violonchelista, a la OSCyL y al respetable.

 

Dirige esta noche la OSCyL Carlos Miguel Prieto. Lo primero que tengo que destacar es esa fuerza física casi intimidante que le brota de las manos, de los hombros, de los pies, de la mirada. Y esa necesidad apremiante, de entrega a su profesión incomparable. Pocos he visto yo en esta Sala que haya iluminado la música con ese sentido, esa profundidad de acercar la antorcha al oído del oyente para que descubra los pasajes oscuros de Alberto Ginastera y Silvestre Revueltas,  y se asome a los entresijos cambiantes de la condición humana.

 

La música es un milagro provocado. Un milagro que el director cuando empuña la batuta llena con sonidos y signos todo el espacio sonoro. El espacio sonoro que da sentido a lo que estamos escuchando. Un espacio que recrea la libertad, estamos en el reino de la libertad y al oyente se le invita a que participe de esa aventura caleidoscópica que esta noche la música de Ginastera y Silvestre  Revueltas propone.

 

Puedes cerrar los ojos y escuchar el violonchelo y la respiración de Asier Polo y asomarte a la vida. Somos testigos esta noche de una arcadia musical que se instalará como un sello en nuestros corazones durante mucho tiempo.

 

La vida, a fin de cuentas, vista desde la butaca de La Sala Sinfónica Jesús López Cobos se reduce a dos cosas: amar y escuchar música. En el Concierto para violonchelo y orquesta nº 2 de Alberto Ginastera, Asier Polo con ese estilo transparente que le caracteriza ofrece al oyente un rato de fraternidad, de amistad;  escuchándole se intensifica la vida , no digo que se le alargue, solo que la da sentido. En la propina de Bach,  había luz, claridad y sobre todo la sensación de estar en el lugar más agradable de la tierra.

 

Y llegó  el compositor Silvestre Revueltas con su obra la Noche de los mayas y de repente, cuando los percusionistas de la OSCyL “se hicieron con el cotarro” todos fingimos ser otro, y todo era verosímil. Tan verosímil que al personal se le había pasado el catarro, la gripe, la migraña, etc.,   y no quería saber nada –por ahora- del centro de salud. El poder que tiene la sugestión…

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