Música adentro
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Música adentro

La música expresa siempre experiencias humanas. Antes que el lenguaje ya existía la música. La música no te salva de nada ni de nadie pero siempre proyecta un espejo a veces crítico a veces no de lo que les pasa a los demás y otras veces de lo que te puede pasar a ti.  Por eso es conveniente entrar en la Sala Sinfónica Jesús López Cobos entrenado. Igual que se ejercita la musculatura se pueden ejercitar las emociones, ¿alguien lo duda?


El Abono 7 de la temporada de invierno de la OSCyL  tiene como protagonistas a Michel Plasson,  director y a Clara Andrada, flauta. El tridente francés: Ravel, Ibert, y Bizet son los encargados de dirigir esta noche “los ejercicios” musculares de las emociones. Mi madre Oca de Maurice Ravel conecta rápidamente con nuestra sensibilidad contemporánea y te permite olvidar lo que pasa ahí fuera, que no es poco. Porque la música es capaz de crear su propio espacio y en este acaso crear la emoción necesaria para que pueda disfrutar sin que nadie se moleste.  Disfrutar, ser feliz, ¡uy! Hay que tener cuidado en estos tiempos con lo que se escribe. 


Luego llegó Clara Andrada con el Concierto para flauta de Jacques Ibert y fue una pura gozada. Cuando gozas con la música te das cuenta que es algo puramente espiritual fundamentalmente porque la música no es como las otras artes, la música no representa nada, nada es visible o inteligible con palabras y eso en estos tiempos que el personal habla por los codos en consultas médicas, por la calle o en cualquier sitio que uno se pueda imaginar se agradece y de qué manera.
Clara Andrada con sus gestos delicados proyecta una música soberbia. De su flauta sale un sonido claro y sugerente a partes iguales que permite al oyente aislarse del mundo. Aquí mientras escuchas a Ibert nadie te puede importunar, molestar, o,   llamar por teléfono,  por eso no te queda otro remedio que escuchar y disfrutar. 


Michel Plasson seguro que ya se ha dado cuenta que está dirigiendo una orquesta, la OSCyL que vive obsesionada por encontrar su propio sonido, esa es su principal característica.  Su aprecio por la flexibilidad, rapidez y vitalidad es palpable cuando ejecuta la Sinfonía en do mayor de Georges Bizet. Su entusiasmo y  su gusto por los retos –no para- requiere  concentración y mucho esfuerzo. Pero está en forma y se nota.  
 
 

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