Museo de la Pasión: Los antimodernos

FOTO: Rafa Crespo.

La crítica cultural de Ágreda.

Nunca cansa el regreso al Museo de la Pasión. Sospecho que el motivo no es otro que la oportunidad afortunada de ver y admirar  cuadros que te acercan inevitablemente a la melancolía. Intentando revivir el proceso pictórico de Mariano Fortuny, Renoir y Lluís Masriera i Rosés, por nombrar a los que más me han gustado.

 

Antes de nada, no pierdan ni un minuto y corran a verla. Mientras recorro la exposición tengo la oportunidad de ver y mirar desde diferentes puntos de vista el proceso del arte; ver desde dentro, hacia dentro, ver de dentro, mirar todo durante y mientras tanto. Esta puede ser una de las claves por la que se sale de la exposición con buen cuerpo.

 

¿Qué hace a un artista un artista? ¿Por qué son capaces de ver  - como Messi – de manera privilegiada el mundo y mostrarlo a los demás de una manera especial? Esta pregunta me acompaña durante todo el tiempo que paso en la Pasión.

 

Aquí toda la pintura está impregnada con la huellas del tiempo. Tiempo y espacio. (Lo más importante es el espacio decía un anuncio de coches) La representación de lo que pasa, de lo que está ocurriendo.

 

Me asomo a los cuadros de Mariano Fortuny  y le robo los ojos durante un tiempo. Quiero observar las pinceladas, los colores, los matices. El instante. Soy consciente de que sus cuadros son un regalo para la vista, aquí nada sobra, nada es superfluo, todo es se convierte en una pirueta fantástica del color.

 

Luz, oscuridad, fuerza y delicadeza nos   cuenta el cuadro “Clase de Canto”  de Lluís Masriera i Rosés. Su imagen congelada me recuerda a esa luz de los cuadros de  Vermeer y te obliga, es necesario reflexionar. Reflexionar porque estamos en un mundo –esta exposición es clara muestra de ello- que está impregnada de romanticismo: los sentidos captan todo los que somos capaces de aprender.

 

De repente todo se vuelve familiar, conocido, sensible que te obliga a pararte y acercarte sigilosamente al reflejo del río de algo que ya fue pero que va desapareciendo, si no ha desparecido ya.

 

Aquí, lo que ves, es lo que es. Toda la exposición es muy sugerente y  está muy bien contextualizada. Aunque cada espectador tiene el privilegio de descubrir los elementos comunicativos que fecunden su pensamiento y que verifique esa sensación que se corta en el ambiente. Aquí todos estos pintores eran unos artistas.

 

Sala Municipal de Exposiciones. Museo de la Pasión. Los Antimodernos. De Renoir a Torres García. Hasta el 31 de marzo de 2019.

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