Morante y Schubert frente a la muerte

Morante de la Puebla

¿Qué haríamos en un mundo sin tauromaquia? Morante de la Puebla posee un don. El don del toreo. El don de las formas toreras. Derrama en cada Plaza de toros que pisa clasicismo, despaciosidad (el arte no admite prisa) y esas medias eternas que han pasado al imaginario de los aficionados. Existe la tauromaquia porque existe Morante.

 

La autoridad en la Plaza de toros se ejerce toreando, se ejerce jugándote la vida. La autoridad en política se ejerce utilizando la retórica como herramienta que en manos de nacionalistas y populistas se convierte en un arma arrojadiza para los que no piensan como ellos. Hoy toca ponerse en contra de esto y, mañana toca ponerse a favor de esto otro. Seguir las tendencias para seguir en la poltrona. Incluso a costa de cargarse lo que haga falta. La lucha nunca no es por la democracia, por la libertad, o por ideología: es por el poder.

 

Morante de la Puebla es muy respetado en esta tierra. Él lo vale. Presentó el capote al toro despacio, y pintó dos verónicas que hubieran vuelto loco al maestro Antoñete. Me gusta Morante, decía el maestro, aunque no tenga su tarde. La hondura del toreo la lleva en las manos y en los pies. En las manos lleva el sentimiento. En los pies la valentía. Y en la mirada la dignidad inherente de su vida y la de Belmonte y Bienvenida que no acaba en ninguna frontera y que ningún político puede borrar.

 

Porque Morante de la Puebla es algo más que un torero. Representa al pueblo que le gusta identificarse con él. Viendo cómo se pasea por la plaza con ese capote al hombro y mira a los tendidos, el pensamiento se hace imagen y viceversa.

 

La luz intensa, prodigiosa, revela cada detalle del traje de luces del maestro. No hay nada más transparente que un traje de luces, decía Chenel. Delante de la cara del toro, Morante ha mostrado su enorme maestría que le habilita para expresar todo aquello que necesitaba decir. Porque Morante es el más íntimo de los toreros. Como Schubert es el más íntimo de los compositores. En Winterreise (Viaje de invierno) el personaje de Schubert se enfrenta en solitario a la muerte y tiene que llegar por sí mismo al final del viaje. Por eso la Tauromaquia presenta al espectador la manera con la que nos relacionamos con la soledad, con la adversidad, con la muerte, con esa realidad que todos debemos comprender.

 

Morante y Schubert lo que pretenden es llegar al corazón del público. Su rasgo fundamental está tocado con la trágica locura que nimba la frente de los perdedores a los que, cierta vez, confunde la victoria para decirlo con palabras de Francisco Calvo Serraller.