Moncho Borrajo: "Tengo más censura ahora que en la época de Franco"

El dramaturgo auriense presenta su nuevo espectáculo, 'Borrajo + Perdido', que estrenará en el Teatro Zorrilla de Valladolid los días 23 y 24 de marzo.

Moncho Borrajo durante su actuación.

Monólogos, historias, humor, ternura y un poco de mala leche, pero no mucha, que ya hay demasiada. Un espectáculo "interactivo", democratizado, donde el público decide lo que quiere escuchar a través de la legalidad de una urna. Así es el nuevo show de Moncho Borrajo (Baños de Molgas, 1949), que tras 48 años en el mundo de la comedia vuelve a subirse al escenario con su prosa ágil y chabacanas expresiones. Hablista como pocos, dicharachero de manual, el dramaturgo actúa en Valladolid los días 23 y 24 de marzo en el Teatro Zorrilla para explicar a los pucelanos por qué está "borrajo perdido"

 

 

PREGUNTA - Presenta nuevo show, ‘Borrajo + erdido’, ¿qué tiene de especial el espectáculo?

RESPUESTA - Mis espectáculos siempre han sido muy interactivos, pues ahora más. Cuando se entra en el teatro, la gente puede votar. Se les entrega una papeleta con distintos sketches que he hecho a lo largo de estos años y ellos eligen cuál quieren que interprete. El espectáculo comienza con mi presencia entre el público mientras una voz me dice de qué cosas no puedo reírme. Y no puedo reírme de nada: ni cojos, ni altos, ni bajos, ni negros, ni políticos, ni banderas... Entonces empiezo explicando que hablaremos de la mierda, que es lo único que tenemos todos en común, con un sketch escatológico de culo, caca, pedo y pis en clave de humor.

 

P.- ¿Y toca todos los temas?

R.- Sí, luego pido palabras al público para improvisar, en la que suelo meter una crítica a ‘La Manada’ y hacia este tipo de cafres que han aflorado como un virus. Hay poca política en el espectáculo, aunque siempre hay alguna broma, por ejemplo, sobre Pedro Sánchez y el avión. Para terminar, y como siempre me paso de hora, hay un gong que me corta y aprovecho para hacer un broma sobre la invasión china que tenemos ahora. Finiquito con un poema en el que explico por qué estoy ‘borrajo perdido’, el porqué de esta sociedad en la que la política lo maneja todo y que si no votamos con la cabeza acabaremos todos muy mal.

 

P.- ¿Desiste usted de la política?

R.- Pinceladas sobre política va a haber durante todo el espectáculo, pero no como en mis apariciones durante los años 80 y 90 donde cubría casi todo. La gente está muy cansada y harta. La política nos está agotando a todos. Llega un momento en el que la gente no es que tenga la piel fina, es que resulta que yo cuento un chiste de un cojo, se ríe el cojo y se queja el que camina bien. El otro día conté un chiste de maricones y una señora me llamó homófobo. ¡A mí! (entre risas), un señor que lleva toda la vida diciendo que es homosexual, con Franco o sin Franco. Ahora ya no podemos hacer chistes de nada y mucha culpa de ello lo tienen las redes sociales. El anonimato ha convertido a los gilipollas en seres insultantes.

 

P.- La sociedad parece poco preparada para la comedia hoy en día.

R.- Cuando actúo, la gente saca la entrada para ver a un humorista, no a un filósofo. Hay personas que sacan una butaca en primera fila y luego se enfadan si hablo con ellos. ¡Coño, sácala en la silla veinte! El padre del Rey Juan Carlos, Don Juan de Borbón, vino a verme con su familia y yo en mi espectáculo decía muchos tacos, aunque si lo comparamos con lo que se dicen en las escuelas parezco la madre Teresa de Calcuta. El caso es que yo le expliqué a Don Juan que o hablaba como siempre o me jodía el show. Entonces se levantó, ese hombre de uno noventa, y me dijo: “hijo, habla como te salga de los cojones”.

 

P.- ¿Quién coarta más la libertad de expresión, la izquierda o la derecha?

R.- Yo creo que todos por igual. Eso sí, te puedo decir que tengo más censura ahora que en la época de Franco. Y me llamarán facha por decir esto. Pero bueno, como ya me han llamado de todo, no pasa nada. La intolerancia provoca un fanatismo tremendo. Ocurre también en el fútbol, ¿por qué un señor del Barcelona o del Madrid tiene que insultar al otro? No es comprensible. En política ha ocurrido algo muy triste: todo lo que hace mi contrincante es malo y todo lo que yo hago es bueno. Aquí se ha creado esa palabrita de los demonios que es lo "políticamente correcto". Una censura asquerosa, basada en una teoría que es falsa: mi libertad es decir lo que me salga de los cojones pero tú no hables porque a mí me molestas. Eso de libertad tiene lo mismo que yo de arzobispo de Canterbury.

 

P.- ¿Qué tal funciona el espectáculo en Valladolid?

R.- Vamos con un poco de miedo, porque tenéis fama de ser muy serios. Pero no me puedo quejar, siempre he tenido muy buen recibimiento. Además, el Teatro Zorrilla es muy acogedor y para el humor es mejor un sitio con cercanía entre el comediante y el espectador.

 

P.- Después de 48 años, ¿cómo se le siguen ocurriendo cosas nuevas?

R.- Bueno, siempre se reciclan cosas. Al final todos tenemos coletillas que forman parte de nuestro trabajo y la gente las espera. Ahora con las redes sociales te enteras de muchas cosas que ocurren, es más fácil. Yo me fijo mucho en las personas y, como decía José Luis Coll, los humoristas somos un espejo normal de la sociedad. El cómico lo que hace es poner delante una realidad que suena graciosa, pero en la que nadie se quiere ver reflejado.

 

P.- Usted se ha declarado abiertamente como homosexual, ¿está en ‘riesgo’ la homosexualidad en España con el auge de Vox?

R.- Partiendo de la base de que todos los extremos son peligrosos, todo lo que termina en “ismo” me preocupa mucho, yo creo que una cosa que el pueblo tiene asumida no puede quitarla nadie, por mucho que diga Vox. Si algo se ha demostrado en este país es que los homosexuales no llevamos navaja, no matamos a nadie y, además, somos uno de los turismo que más agradece la gente porque no rompemos habitaciones. Que somos iguales a mí no me lo discute nadie. Es un problema de cultura general. Uno no puede pedir igualdad cuando no se es tolerante. Estos señores hay algo que todavía no tienen claro: ser homosexual no es ser un enfermo, ser un fascista sí es una enfermedad.

 

P.- Uno de los últimos fichajes de Vox es el historiador Fernando Paz (la entrevista ha sido realizada antes de su dimisión), que tiene frases como: “Si mi hijo dijera que es gay, trataría de ayudarlo. Hay terapias para reconducir su psicología”. ¿Qué le diría usted a él?

R.- Con todo mi cariño le diría que fuera primero él al psicólogo y se curase, porque tiene un grave problema. Esto es como cuando alguien desde el feminsimo dice que a la mujer hay que ayudarla. ¿Ayudarla a qué? ¿Tú eres tonto o qué te pasa? A la mujer hay que tenerla al lado como una compañera y ella a ti. Y si vale para algo, pues vale, y si no vale, pues no vale. Es la típica frase de “es que no me ayudas en casa”. No, es que en casa no se ayuda, en casa se colabora y se participa. Son palabra muy diferentes “ayudar” que “participar”.