Mississippi Mass Choir&Good News Gospel

La crítica cultural de Ágreda en Tribuna de Valladolid.

Pasarlo bien durante un concierto es suficiente criterio para asegurar que ese concierto ha sido bueno, así de sencillo. Y en este concierto lo pasan bien los que están en el escenario y los que están sentados en su butaca. Saltaba a la vista y lo que se ve no se discute. Pasarlo bien implica que la realidad se disuelve y que un cosquilleo aparece de súbito en los pies y en las manos y la cara se transfigura y aparece la satisfacción, el regocijo; ¡para qué quieres más!

 

Good News Gospel tiene un director que vale su peso en oro. ¡Qué tío! Toda la música que salía de las voces del coro nacía primero de sus manos, de su mirada, de sus gestos, de su energía que contaminaba -y sería aprobada, seguro por Greta Thunberg- el patio de butacas,  llenándolo  de buenas vibraciones.

 

La música que se escucha esta noche nunca envejecerá. Estas canciones pertenecen a todos y conservaran para siempre el genio de sus compositores. En eso reside la maravilla de sus composiciones que no morirán nunca mientras haya alguien que las escuche.

 

Y luego llegaron los de Mississippi Mass Choir y resultó el medicamente apropiado para que aquello se convirtiera  en una sala de baile donde la mente y el corazón rebosaran de energía y buenos pensamientos. ¡Qué voces Dios mío! ¿Por qué será que en este recinto del CCMD se pude disfrutar en armonía y en grupo dejando cada uno sus cuitas y manías en el aparcamiento? Seguro que es por la música, ese es el secreto. 

 

Esta es una buena enseñanza para la sociedad. Forjar una convivencia armoniosa por encima de intereses individuales. La mayoría de las canciones las conoces o te suenan, eso hace que el sonido  vaya directamente al corazón,  como dicen  que las nueces, cuando las comes,  van derechitas  al cerebro que diría el inolvidable Alfonso Carvajal. ¡Viva Arenas de San Pedro!

 

Aunque muchas veces no es necesario saber el nombre del que canta y como se llama exactamente la canción para que aquello que escuchas sea bueno. Estoy convencido que si lo que escuchas es bueno ya de repente estás sintiendo –por lo que sea- que allí estás seguro y no te va a pasar nada malo.

 

El final de concierto fue apoteósico. Parte del público –los valientes- se subieron al escenario y bailaron y cantaron acompañando a  los dos coros que más parecía aquello una fiesta flamenca que otra cosa.