Miradas que matan
Cyl dots mini

Miradas que matan

La crítica cultural de Ágreda en Tribuna de Valladolid.

La emoción, lo que llega al público, se tiene que vivir previamente entre los músicos. Estás o no estas, esa es la cuestión. Y contagiarle. Eso se tiene que vivir previamente durante los ensayos. Si la emoción se palpa y la comunicación entre el director y los integrantes de la OSCyL es la idónea todo fluye para que la noche del concierto el público disfrute de la música.

 

Tengo mis dudas de que esto sea así. Si el violinista o el contrabajo, es un decir,  llega a la sala de conciertos tres minutos antes de salir a escena dudo de que ese concierto vaya a ser bueno. Tiene toda la pinta de que cuando termine  el concierto, se  toma una caña y ¡ala! hasta el siguiente. Hay gestos que nos delatan. Y sí además, cuando sale los componentes de la orquesta, se escuchan los aplausos, sale el concertino, más aplausos… y de repente aparecen dos o tres músicos de “extranjis”  a deshora,  me pregunto si existe el orden y la formalidad o solo se supone. Este no es el camino.

 

Y si luego aparece el director de la orquesta  con el mismo traje que llevamos viendo toda la temporada (pero hoy no es un concierto especial, pues necesitará algo que lo distinga, digo yo)  y sin afeitar pues apaga y vámonos.

 

Da gusto, por poner un ejemplo, ver  a La Orquesta Sinfónica de la Radio Finlandesa en Mezzo, dirigida por Hannu Lintu. Qué bien visten, todos de fiesta, con sus trajes impecables, sus zapatos limpios y el pelo de peluquería. Y qué bien suena Sibelius y como miran todos al director y contagian al respetable con su energía y profesionalidad. 

 

La apariencia en la música clásica importa y mucho. La apariencia lleva siempre implícito el orden y la emoción. El cómo se viste una orquesta puede llegar a ser una seña de identidad que convierta un concierto en algo cálido, sutil e imaginativo. El intérprete que sale a escena está obligado a reencontrar un compromiso personal estético y ético con el abonado y con el público en general para que el disfrute sea total.

 

PD. A la atención del nuevo director de la Fundación Siglo. Decía Max Weber que los pecados mortales del político son la ausencia de finalidades objetivas y la falta de responsabilidades. Ambas suelen ir unidas. Sin objetivos claros se tiende a buscar la apariencia en lugar del poder real: su falta de responsabilidad lo llevar a disfrutar del poder por el poder, sin tomar en cuenta su finalidad. El nuevo director  parece ser que ha recapacitado y que Miradas “seguirá permitiendo a la Oscyl y al Área Socioeducativa  llegar con un lenguaje universal de la música a quienes más lo necesitan y más se benefician de ello”.