Milú, el alfabeto del olfato
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Milú, el alfabeto del olfato

Quien domina los olores, domina el corazón de las personas. Cuando entro en la Perfumería Milú (Zúñiga, 8, Valladolid) las moléculas de olor  giran a mi alrededor, entran en mi cuerpo y me cubren por completo. Una polifonía aromática emocional, carnal y  física se apodera de mí y ya no me abandonará en toda la mañana.  Cada día respiramos unas 23.040 veces y movemos unos 133 metros cúbicos de aire.

 

Aunque la esencia del olor es efímera, transitoria  y huidiza,  la memoria la fija como un sello en el corazón. Hay olores que embriagan, que delimitan y que influyen en nuestro estado de ánimo y nuestro comportamiento. También funcionan como alerta ante un peligro o espera y como  estatus.

 

Los perfumes tienen memoria. María Eugenia, la persona que me recibe en la Perfumería Milú hace bueno el dicho que dice que hay que hacer del amor al trabajo una aventura diaria; su amabilidad natural,  su forma de contarte la historia de los perfumes (sus palabras son físicas, pero tienen sabor), su lenguaje incita a la imaginación  cuando describe los aromas de una manera dulce, luminosa y  divina.  Cada aroma que te cuenta encierra un mundo.

 

Uno de mis preferidos esta mañana es Creed Aventus, un auténtico perfume que cuando lo aspiras, es capturado por la nariz y tomado como rehén -por unos pelos que se llaman cilios-  filtrándose en el cuerpo como si fuera un polizón y te pone de un humor estupendo y a partir de ese momento el detective que llevas dentro se pone en marcha para identificar el olor y desatar una catarata de recuerdos agradables que te pueden llevar a la infancia, al colegio, a la casa materna… a infinidad de lugares.

 

Un estudio realizado por la neurobióloga Leslie Vosshal, concluyó que los seres humanos podemos detectar más de un billón. Los olores comunican, de eso te das cuenta  cuando escuchas a María Eugenia. Cada ser humano tiene o expele un olor singular  que cambia y sirve de llave,  de puente para comunicarte con el prójimo. Se puede llegar a conocer a las personas químicamente… cuando coges el ascensor, sales del gimnasio, etc., su olor abre una puerta para el rechazo o la bienvenida, depende.

 

El olor a Penhaligon No.33 Eau de Gologne que Eugenia pulveriza sobre mi chaqueta permanece en mi sin palabras toda la mañana, inarticulado, ilegible,  me trae la felicidad a través del olfato y  la presencia inequívoca de mi madre, cuando en Radio Intercontinental  escuchaba por la mañana el programa los Puntos azules…  te peinaba “al agua” y te daba un beso antes de ir a la escuela. Huelo, luego pienso.

 

A María Teresa Alonso con todo mi afecto.

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