Migración en primera persona: Desde Senegal a Valladolid en un viaje de tres años

Participantes en la marcha organizada por los Jesuitas en Valladolid.

Mandi llegó desde África a España en patera, tras recorrer cinco países y atravesar el Sáhara, en un trayecto que con frecuencia resulta mortal. Ahora, en la ciudad del Pisuerga, comparte su pasado y su presente mientras trabaja y aprende para aspirar a un futuro mejor que el que le esperaba en su país. Esta es su historia.

El trayecto de Mandi duró tres años. El punto de partida fue Senegal, su país natal, donde nació en 1981. Más que un viaje fue una huída de la pobreza, la que conducía a que muchos de los jóvenes en su pueblo no tuviesen trabajo ni espectativas de encontrarlo. Una pobreza severa, profunda, desgraciadamente bien conocida en África. Tan acuciante como para tomar la decisión de dejar atrás su tierra, a su gente, y buscar en Europa lo que era un sueño allí.

 

¿Cómo se emigra?¿Cuáles son los caminos que se siguen?¿Cuáles los peligros a los que se enfrentan? Su primer destino fue Mali, país fronterizo por el este. Un vasto terreno (más del doble que España) que penetra en el desierto del Sáhara. Allí trabajó para poder comprar los billetes necesarios y seguir el camino: Níger, Argelia y finalmente Marruecos, desde donde muchos migrantes pretende alcanzar las costas españolas. No es un camino fácil. Y él perdió a un amigo. "Se siente miedo, mucha gente muere. Hay violencia, si no tienes dinero te da una puñalada" recuerda con una mirada difícil de interpretar, entre el recuerdo y la esperanza. Pero con optimismo.

 

"Pagas y la gente marroquí organiza un barco por la noche" explica. Tuvo suerte, su patera no naufragó, y desembarcó en Fuerteventura en 2007. Una ONG lo llevó a Cullera y después a Barcelona. De ahí, junto a Red Íncola y Procomar, por fin terminó su viaje en la que es su última etapa, Valladolid, ciudad a donde llegó en 2008 y desde donde ahora cuenta su historia en el marco de la marcha 'Caminos de Hospitalidad' coordinada por los Jesuitas y Entreculturas con el fin de "defender a los refugiados e inmigrantes", según explican sus organizadores. Atienden a cerca de 6.500 personas al año, migrantes procedentes de Marruecos, Bulgaria, Rumanía, República Dominacana -por destacar las nacionalidades más numerosas- y refugiados de Venezuela o Siria.

 

Mandi tuvo que integrarse en su nuevo hogar durante los años más duros de crisis económica y turbulencia política y social. Ahora, declara estar feliz. "En Valladolid son buena gente, ayudan mucho, nunca he tenido un problema, siempre bien". Se hace entender en castellano, la barrera del idioma ya superada. Ahora trabaja en el INEA, la Escuela de Ingeniería Agrícola de la Compañía de Jesús en Valladolid, donde desempeña una labor remunerada. Y vive en un piso que facilita Red Íncola, fundación formada por nueve órdenes religiosas -entre las que se encuentran los Jesuitas-, que brinda un apoyo integral que incluye asesoría jurídica y formación, todo ello encaminado a disponer de los servicios básicos y poder encontrar un trabajo que le permita construir su vida aquí.

 

¿Cómo ve su futuro? "Muy feliz". Sonríe. Entre sus planes, además de conseguir empleo estable, está el reagruparse con su hermano pequeño, de 16 años, que se encuentra en un centro de menores de Italia tras emprender la ruta Libia, y con quien mantiene contacto. Libia, uno de los países que actualmente se ha convertido en un infierno para aquellos que huyen y que buscan protección o esperanza fuera de sus fronteras, sin que los millonarios fondos de la Unión Europea destinados a ese país hayan significado un cambio a mejor. E Italia, que con el nuevo Gobierno apuesta por cerrar en gran medida sus fronteras.

 

Mientras lee estas líneas posiblemente un ser humano se esté ahogando en el Mediterráneo (este proyecto de Naciones Unidas recoge la fatídica estadística). Y Mandi quizá esté cultivando frutas en un invernadero de Valladolid. Por fortuna, él puede ampliar y seguir contando su historia. Muchos de sus compañeros, no.