Mery Maroto, la luz del entendimiento
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Mery Maroto, la luz del entendimiento

La pintura de Mery Maroto (Zamora, 1943-Valladolid, 2019) es un trabajo de desvelamiento, de búsqueda que va del impulso instintivo a lo consciente, de la mancha reveladora de la imagen al motivo que esta  impone y finalmente es  un espejo donde se puede contemplar su mundo y el del espectador.

 

Es muy interesante el proceso. Un proceso que resulta de principio a fin  un instante donde la vida piensa. El pensamiento es una cualidad de lo vivo. Y el pensamiento de Mery Maroto tiene algo de creativo y onírico de máscara y retrato,  de teatro y vida. De ganas de vivir la vida. Cuando el visitante se para ante uno de sus cuadros hace bueno aquello que decía Donald Davidson, entender una metáfora es tan creativo como inventarla. 

 

Por eso resulta saludable visitar esta exposición en la Sala Municipal de  Las Francesas porque hace viajar los recuerdos  y el pensamiento se rejuvenece y todo vuelve a suceder antes los ojos del visitante. Te paras ante uno de sus cuadros y el pensamiento surge sin necesidad de hablar.

 

Me interesan las artistas como Mery Maroto que no iban  por ahí abrumando con sus ideas, sino al revés,  como su modo de estar en la vida encarnan una filosofía que se convierte en arte. Estamos ante una notable exposición, lo nota el cuerpo nada más de poner los pies en la sala y la persona encargada te pide el código postal. El público puede disfrutar a sus anchas del acto de la contemplación disfrutando del momento y las circunstancias en que se realizaron (estrenos teatrales, retratos familiares, esculturas, vestidos, amistades,  personajes teatrales…) y  que ahora  pueden tener otra visión, otra lectura.

 

El teatro le sirve a Mery Maroto como herramienta para comprender el mundo. Sus dibujos y bocetos me han encantado (la escenografía y el cartel de La zapatera prodigiosa de Lorca, especialmente) porque nos hablan de historia singulares que cuentan  una historia común. Mery Maroto y su marido Juan Antonio Quintana no  entendía la vida sin la generosidad del acto comunitario y no encontraron uno mejor que el teatro.

 

Dicen que la belleza nace siempre de un encuentro, que no existe si no hay una mirada capaz de captarla. Visitando esta exposición la sorpresa  se alía con el asombro y este con la felicidad por estar presente ante una obra lograda, honesta y verdadera.