Max Beckmann

La crítica cultural de Ágreda en Tribuna de Valladolid.

El cuadro que estás viendo se titula “Quappi con suéter rosa” fue pintado entre  los años 1932 y 1934. MB admiraba a Goya y a Rembrandt y aprendió a autorretratarse como forma de conocerse uno a sí mismo. Se hizo innumerables retratos, como los adolescentes actuales. Y también fotografías de pasaporte donde se le ve con la cabeza agachada, tímido, sin pelo que da cuenta de un cuerpo grande, robusto y poderoso. Y vulnerable.

 

Se daba grandes caminatas a la manera de Thoreau. Sus obras nacen de un pensamiento abierto, de la necesidad de encontrar significados a lo que le rodea y cuestionarlo. La obra es la que mide al artista y no al revés. Y pasó lo suyo. En 1993 el Gobierno nazi le expulsó de su puesto de profesor de Arte en Fráncfort  y le incluyo en la lista de artistas degenerados.

 

Esto supuso en MB encontrarse a la intemperie. De la noche a la mañana pasó a ser un don nadie, expulsado de la sociedad donde era respetado como persona y como pintor. Todo arrebatado y convertido en “persona no grata”. La policía ahora sigue tus pasos, tienes que tener cuidado porque caprichosamente te pueden meter en la cárcel solo por llevar algo de dinero  en el bolsillo. No se pude sacar dinero del país.

 

De Alemania a Ámsterdam, Hitler va ocupando Europa como quien come fichas en el parchís. Los cuadros de MB  de esta época evocan miedo y terror a partes iguales. Su bella compañera Quappi a la que retrató muchas veces mostrando esa delicadeza vaporosa con su suéter rosa y un cigarrillo acercándose a los finos labios intentado sobrevivir al miedo, al hambre, a la miseria, le acompaña.  

 

En 1947 llegan a Estados Unidos y allí galerías de arte y amigos le dan cobijo, aunque no se le va el miedo de los huesos, en cualquier momento le pueden devolver para Alemania. Allí puede seguir demostrando su talento indudable. Al igual que Picasso nunca dejó de pintar, ni dejó de mirar el mundo con sus propios ojos padeciéndolo y disfrutándolo a partes iguales.

 

Sus cuadros invitan al que mira a imaginar una época de terror y muerte. Pues aunque instalado en EE.UU y ya reconocido como artista nunca dejó de pintar la furia de ese tiempo, el negro de sus cuadros da buena cuenta de ello.

 

Picasso explicaba que el Guernica no era una declaración ni siquiera una posición ante algo, sino lo que la gente decida que es. Vale también para los cuadros de MB.