Martes y trece a la gallega
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Martes y trece a la gallega

Llegó  Teatro Chévere al LAVA con su obra NEVERMORE y pretendió contar la historia del Prestige y el movimiento Nunca Mais pero no logró sacudirme ni emocionarme en ningún momento. No basta con los testimonios  en primera persona,  imitando, mal, muy mal a los protagonista de la chapuza made in Galicia  porque eso no funciona. La elaboración dramaturgia hace “aguas” por la incapacidad de Xeus Ron que firma la dramaturgia y la dirección de transformar un hecho real en una experiencia visual, sonora, sensitiva y reveladora.  Transformar la catástrofe en arte no está al alcance de cualquiera, tienes que llamarte Théodore Géricault para hacerlo. (Véase La balsa de la medusa).

 

La casquería emocional brilla por la Sala Concha Velasco y va relatando la historia como si se celebrara un concurso de imitación de voces de tercera fila. Cambio y corto. No hay ironía, y sí muchas arengas para remangarse la camisa y no quedar señalado para siempre si no tienes justificante. Sus discursos son tan redundantes que aburren al más “pintao” y produce un empacho que te quita las ganas  hasta de tomar una caña cuando sales a la calle.

 

Imposible de conectar NEVERMORE en toda la noche. Acaba uno de peroratas hasta el moño. La realidad del Prestige, y de cualquier realidad ocurre siempre de manera abusiva, desagradable y cómica. Pero cuando Chévere llega al LAVA tiene que saber que el teatro es – entre otras cosas-  poner orden y belleza en el caos. Es el compromiso del teatro: procurar un poco de felicidad donde parecería que esta no tiene derecho a ocurrir.

 

Es difícil mantener una reputación, también en el teatro. Toda la noche enfrascado en un relato que no deja resquicio al espectador para que reflexione por su cuenta y riesgo. Ya te dicen ellos donde está la verdad, no te preocupes. Cuando un creyente reza, escribe el neuropsiquiatra   Boris Cyrulnik en su último libro Psicoecología. El entorno y las estaciones del alma (Gedisa) todos los signos de angustia en el cerebro desaparecen. Es un tranquilizante natural. Los creyentes religiosos o políticos –los comunistas fueron creyentes- se sienten mejor. Hay un efecto de solidaridad también: si todos recitamos lo mismo al mismo tiempo, nos sentimos en seguridad.

 

No tienes que pensar, Cyrulnik lo llama pensamiento euforizante y perezoso. NEVERMORE comienza con malos augurios porque todos sus intérpretes no consiguen que sus voces, sus cuerpos y sus movimientos sean naturales. Y luego está toda esa parafernalia que firmaría un  MacGyver de 6º de Primaria.

 

 Rematando: al mago no debe vérsele el truco,  ni a Chévere la marca.  

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