Cyl dots mini

Maribel Muñoz, collagista

Solo vemos  lo que es nuevo o lo que está a  punto de desaparecer. Lo cotidiano, lo de toda la vida, no lo notamos. Maribel Muñoz desde pequeña aprendió a observar, y así, descubrir que entre los periódicos viejos que su madre usaba para proteger el suelo recién fregado, podía hallarse el mejor de los mundos.

 

El trabajo de Maribel Muñoz siempre nace de sus manos. Todas las imágenes que vemos en esta exposición de la Casa Revilla reflexionan sobre la memoria de las mujeres que como mi abuela Apolinaria nacieron alrededor de 1890: Zenobia Camprubí, María de Maeztu, Victoria Kent, María Teresa León,  Isabel Oyárzabal, etc.

 

Esta exposición de Maribel Muñoz me ha resultado emocionante y familiar al mismo tiempo. Me ha recordado la caja de los hilos de mi madre que tantas alegrías y penas  me evoca. Una caja azul  de Cola- Cao con dibujos de estampas japonesas en la había botones de todos los tamaños, agujas, alfileres e hilos de todos los colores. Y las tijeras.  Una caja que tenía de todo menos lo que estabas buscando.

 

Cuando se expone una obra, el artista siempre tiene delante a alguien abstracto a quien se dirige. Nunca se tiene el control de lo que se hace. Pero esta exposición es un espejo donde uno puede verse y la reacción, seguramente que más gusta al artista  es cuando alguien dice: “Gracias, me hizo bien”. Eso justifica la vida.  Y yo lo digo.

 

Haiku. Tú me quieres así/despojada de todo/sin lo mío y sin ti. Esta generación de mujeres se tuvieron que marchar  de España por sus ideas. Ideas que se basaban fundamentalmente  - y se siguen basando-  en que la educación y la cultura son ejes centrales de la acción política  que hay que ejercer con ambición, rigor y profesionalidad.

 

Los collages de Maribel Muñoz expresan, con un lenguaje abstracto en ocasiones, un justo equilibrio y tensión entre construcción, formas y expresión que les confiere una fuerza especial y posibilita que brote la emoción a poco que el espectador ponga de su parte. No basta con mirar y ya.

 

Hay que tomarse su tiempo para que se rebele  la sorpresa del laberinto, de sus signos y su metáfora. Los sueños sumergidos de Isabel Muñoz que ahora afloran en esta sala de exposiciones donde el que  mira tiene que fruncir el entrecejo cuando quiere entender, cuando quiere saber qué está pasando allí.

 

No se puede comprender  esta exposición “Mujeres: corto y cambio”   sin abordar la biografía de aquellas mujeres de la Generación del 27.