Margen

La crítica cultural de Ágreda en Tribuna de Valladolid.

He venido hasta la Librería Margen en busca de Patrick Modiano (Boulogne-Billancourt, 1945),  quiero mantener con él una conversación sobre el deseo de escribir, sobre la soledad del escritor, sobre la sensación de vacío que se tiene cuando se termina de escribir un libro, sobre su relación con los lectores. Dice Modiano que es posible que el lector sepa más de  un libro que el propio autor.

 

Sucede, sostiene Modiano, que entre una novela y su lector se produce un fenómeno análogo al revelado de las fotos tal y como se hacía en el cuarto oscuro donde la foto se iba volviendo poco a poco visible, reconocible. A medida que uno avanza en la lectura de su novela Dora Bruder o En el café de la juventud perdida  se va dando el mismo proceso químico.

 

Los libros de Modiano están llenos de música. Hubiera querido se Chopin y componer sus Nocturnos, pero en ese caso no le hubieran dado el Premio Nobel. Modiano como todos los niños nacidos en el año 1945 es un niño de la guerra, un niño nacido cuando Paris estaba tomada por los nazis. De ese trauma habla en muchos de sus libros. Corrías en esa época el riesgo de una denuncia falsa, una redada a la salida del metro y tu vida se iba al traste. También en esa época nacían amores clandestinos  a la sombra del toque de queda y sin saber si a la noche siguiente te volvería a ver. Y tras esos encuentros, escribe Modiano, muchas veces sin mañana, nacieron más adelante niños.

 

Margen es una librería donde Miguel y Manolo son lectores y eso se nota a la legua. Me acuerdo aquella mañana en Paris, por la zona de la Ópera donde me encontré con Manolo, qué alegría más grande. Manolo me había hecho lector en su librería Clamor de la calle Ruiz Hernández y se había ido a Paris con una beca y qué casualidad,  allí estaba con su barba y esa sonrisa de bienvenida  que siempre le acompaña. Siempre con un libro en la mano, por si acaso vienen mal dadas.

 

Modiano, Manolo y Paris. La vida corriente, la vida diaria adquiere una tonalidad que brilla por ella misma y que siempre oculta algo. Ese es su misterio. Porque la imaginación, lejos de  tergiversar la realidad debe revelar por sí misma lo que se oculta tras las apariencias.

 

Ya con el volumen en la mano de Dora Bruder tengo aseguradas unas horas para alejarme de la realidad y envolverme en el destino humano más inaprensible.

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