Mañueco, Díaz Ayuso y la 'partida fiscal' entre Castilla y León y Madrid

Fernández Mañueco con la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso.

La revolución fiscal anunciada por Madrid debe poner en guardia a Castilla y León: la rebaja del impuesto de sucesiones es un primer paso, pero debe haber más.

Competencia fiscal. Seguramente, Alfonso Fernández Mañueco esté ya familiarizado con este concepto, y por si no lo tiene en mente, es más que probable que este lunes en su intervención en el Fórum Europa alguien acabe preguntándole sobre las rebajas de impuestos, pero no por la que ha empezado a tramitar para Castilla y León, sino por el 'oasis' fiscal que su compañera 'popular' Isabel Díaz Ayuso ha prometido para Madrid. Precisamente, el rival más encarnizado de nuestra comunidad por empresas y población, que se 'lleva' de unas y de otros a cientos, a miles, entre otras cosas, con mejor tratamiento impositivo. Y ahí el nuevo presidente de la Junta va a tener que pegarse con una 'baronesa' de la nueva ola 'popular'.

 

El toque de corneta lo ha dado Díaz Ayuso con su anunciada revolución fiscal: bajadas en todos los tramos del IRPF que los convertirán en los más ventajosos del país para completar un menú impositivo que ya tiene los impuestos de patrimonio o sucesiones 'a cero'. Madrid es la competencia más directa de Castilla y León por recursos e inversiones, y con estas medidas aumenta su poder de atracción. Detrás, ya lo ha dicho, va a ir Andalucía, que aspira a lo mismo. Puede que una equiparación por lo bajo, como ha propuesto Mañueco, no baste. 

 

Hace tiempo que la comunidad viaja algo retrasada en esa carrera por ser fiscalmente competitivos. La Comunidad necesita más y mejor financiación para seguir prestando los servicios esenciales y también para que más empresas elijan quedarse en vez de deslocalizarse. La sanidad en cada pueblo o los incentivos a familias y negocios cuestan dinero, y la caja de la administración regional se llena con impuestos, los propios por un lado y los ajenos por otro, con la forma de las transferencias que le tocan del Estado en el reparto de los tributos. Sobre estos últimos, la parálisis estatal ha dejado 'bloqueada' la reforma de la financiación autonómica, que ahora mismo le debe a Castilla y León 440 millones de euros, y lo que es más grave, hace el reparto sobre una bases de cálculo que ya no son reales, y eso hay que arreglarlo ya. Pero ahora toca hablar de cómo llenar esa caja.

 

La clave, la decisión vital, es elegir la filosofía adecuada para recaudar. No todo en la vida es blanco o negro, pero quizás en este caso se pueda resumir en dos opciones para engordar las arcas públicas: subir impuestos o incentivar la actividad. Con todos los matices del mundo, toca apostar, no ya por un modelo fiscal, sino por un modelo de financiación y de ciclo económico. Seguro que la fórmula adecuada tiene un poco de cada una de las dos opciones, pero hay que dar con ella. Y hay que hacerlo ya porque la competencia no espera.

 

Puede que, en términos de partido, a Mañueco le toque aplaudir la apuesta por la bajada de impuestos en Madrid como política 'marca PP', pero ahora le toca al presidente porque Castilla y León no se puede quedar atrás

Salvando el caso de la hacienda foral con la que es limítrofe al Norte, los rivales con las comunidades más próximas y no se cortan un pelo a la hora de hacer política fiscal agresiva. Especialmente Madrid, lugar de 'escape' de muchos castellanos y leoneses. No valen los lamentos sobre la competencia 'desleal' entre territorios (aunque exista), y el nuevo gobierno regional lo sabe. Puede que, en términos de partido, a Mañueco le toque aplaudir la apuesta por la bajada de impuestos en Madrid como política 'marca PP', pero ahora le toca al presidente porque Castilla y León no se puede quedar atrás.

 

Los cambios son obligados porque Castilla y León está entre las comunidades con los impuestos más caros, empezando por el impuesto en el que peor sale parada: el de sucesiones y donaciones. Heredar en Castilla y León sale por un 'pico' y hacerlo por el mismo testamento en Madrid es casi 'gratis'. La diferencia es tal que merece irse a hacerlo a otra comunidad, una nueva modalidad del movimiento de fuga (de población, de empresas) que tanto sufre nuestra comunidad. La vía de escape es tal que sale a cuenta rebajar esos algo más de 200 millones que se recaudan por esta vía y tratar mejor a los que quieren permanecer en el territorio, y que sus legados económicos también se queden. 

 

Al menos, la Junta ha empezado ya a moverse. La rebaja de sucesiones y donaciones, propuesta estrella de la campaña electoral, ya está en trámite. Eso es solo el principio. Toca alambicar con delicadeza esta merma directa de ingresos para convertirla en positiva, y extender la práctica a otros impuestos. Se trata de conseguir que esos euros que se quedan en el bolsillo de los ciudadanos con la merma de ingresos trabajen en favor de la actividad económica que genere ingresos por otro lado. Una 'cuenta de la vieja' fiscal que puede dar réditos también en otros impuestos. La partida fiscal está sobre la mesa, nuestro mayor rival ya se ha movido y no valen medias tintas.