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Manos Unidas Valladolid ingresó más de 600.000 euros en 2019 para promover proyectos en países de América, Asia y África

MANOS UNIDAS

La organización pone en marcha esta semana una campaña para luchar contra las consecuencias de la "crisis climática" sobre millones de personas.

La organización Manos Unidas ha ingresado en 2019 en Valladolid un total de 621.000 euros, la mayor parte procedente de donativos, con los que ha participado en el desarrollo de proyectos solidarios y sostenibles en países de América del Sur, Asia y África como India, Burkina Faso, Mauritania, El Salvador, Angola, Perú y Etiopía.

 

Así lo ha explicado el presidente de Manos Unidas Valladolid, José María Borge; que ha ofrecido una rueda de prensa junto al obispo auxiliar Luis Argüello y el misionero seglar dominicano Manuel Antonio Pérez, con los que ha presentado la campaña que pone en marcha la organización con el título 'Quien más sufre el maltrato al planeta no eres tú', con la que buscan concienciar y colaborar en la lucha contra el hambre y contra las consecuencias de la crisis climática.

 

Borge también ha presentado el balance de Manos Unidas en la provincia en el año 2019, a lo largo del cual ha ingresado 621.000 euros, de los cuales 590.000 -el 95 por ciento del total- procede de donativos de los 1.723 socios con los que cuenta. De esa cantidad total, los gastos de funcionamiento suponen un pequeño porcentaje, de tal modo que la gran mayoría (552.570 euros) se dedican a proyectos en el tercer mundo.

 

En todo caso, el representante de la organización ha explicado que los ingresos en 2019 han sido menores que en el año anterior debido principalmente a que la aportación de la Diputación de Valladolid es bienal y se contabilizó en 2018. "Somos una ONG que depende fundamentalmente de la voluntad de la gente", ha incidido.

 

Asimismo, ha apuntado que las donaciones individuales "cada vez son menores" ya que en su mayoría proceden de "gente mayor", mientras que los jóvenes aunque "participan muy rápido en campañas puntuales" no lo hacen de manera periódica.

 

Con las cantidades destinadas a proyectos en el tercer mundo se han realizado aportaciones a nueve iniciativas, una por cada arciprestazgo en los que se divide la diócesis, consistentes en acciones como la inclusión socio económica, la educación, la mejora del hábitat, el apoyo a los campesinos, el respaldo a las organizaciones de mujeres, o la búsqueda de alternativas al trabajo infantil.

 

Estos proyectos están en marcha en países como India, Burkina Faso, Mauritania, El Salvador, Angola, Perú y Etiopía y siempre cuenta con el contacto, intercambio y enlace de personas que colaboran con Manos Unidas, que además transmiten su experiencia a los socios y colaboradores. "El que da, si es consciente y tiene noticia directa de las personas a las que se ayuda, cuenta con un fuerte estímulo de renovación de la propia vida", ha aseverado el obispo auxiliar.

 

Argüello ha recordado que esta campaña de Manos Unidas tradicionalmente se dirige a la lucha contra el hambre y la defensa de los derechos humanos, pero ahora, debido a la situación de "crisis climática" también se vincula con "el clamor de la tierra".

 

"Hay que caer en la cuenta de que los primeros que sufren las consecuencias del abuso en la manera de utilizar la naturaleza y el medio ambiente son los países más empobrecidos", ha reflexionado Argüello, que ha recordado que ha estado hace unas semanas en Venezuela, en una zona "panamazónica" fronteriza con Brasil, donde ha observado esas situaciones en las que, "además de la violencia por el control del territorio, se ve el desastre ecológico que produce la búsqueda desordenada de oro y minerales".

 

En el acto ha intervenido también el misionero seglar procedente de la República Dominicana Antonio Manuel Pérez, que ha explicado que era agricultor "convencional" pero que ahora, gracias a la colaboración y formación recibida por parte de Manos Unidas, se centra en la labor "agroecológica".

 

Además, participa en proyectos de solidaridad y desarrollo sostenible en su país y ha subrayado que comienzan como "proyectos" pero acaban por convertirse en "procesos" que modifican la forma de trabajar en el sector agrícola y permiten replicar las alternativas de trabajo sostenibles que pueden "dignificar a los países del tercer mundo".