Malcolm & Marie
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Malcolm & Marie

Zendaya y John David Washington, protagonistas de esta película que se puede ver en Netflix,   son como esos artistas con talento que parecen que todo lo hacen fácil, como quien da un paseo o va la compra o saca al perro a pasear. Tienen duende y esa capacidad tan rara de fingir que improvisan cuando todo esta aprendidísimo. Y todavía lo más sorprendente, tienen la capacidad de crear intimidad y hacerte creer que aquello que está pasando en el salón de tu casa,  es verdad.

 

Escrita y dirigida por Sam Levinson, la película crece, como diría Marcos Ordoñez,  como un globo de papel iluminado en el cielo de verano y sus interpretaciones son una forma de arrullo en estos tiempos convulsos. Rodada en blanco y negro Malcolm & Marie, revela momentos de la vida que son al mismo tiempo comunes e irrepetibles. San Levinson siempre ha filmado películas que hacen que el espectador sienta que merece la pena dejar sus asuntos, encienda la tele y las dudas y las certezas le empujen a buscar una verdad que tiene que buscar y disfrutar a solas.

 

Simone Weil decía que la principal forma de amor es la atención. Eso se ve muy bien en esta película, los dos protagonistas se quieren a rabiar y están dispuestos a llevar ese amor hasta las últimas consecuencias. El espectador tiene que  dejarse envolver  por la historia a pesar de su dureza. Porque hay tiempo para emocionarse, para sentir rabia, para llorar si tienes esa capacidad, ese privilegio, para disfrutar en una palabra.

 

A esta hora de la tarde, mientras ves la película de SL nada de lo que sucede fuera de la pantalla te importa un bledo, porque en estos precisos momentos tu mundo tiene las medidas de tu televisor. Es aquí en el salón de casa, a solas contigo mismo, en silencio, cuando te preguntas por qué tu vida ha sido la que ha sido y no otra. No hay persona en el mundo que no haya meditado y utilizado su mente que no se haya hecho esta pregunta.

 

Zendaya y John David Washington traducen para ti lo que sienten de manera íntima, concisa y contundente a partes iguales. Sus diálogos requieren toda tu atención. Sus interpretaciones magnéticas, elocuentes, obligan al espectador a mirarse al espejo de sus semejantes y le someten a una limpieza de actualidad purificadora. Sin cine, la sociedad todavía sería salvaje.

 

El cine sigue siendo un factor de consenso social, que nos permite aprender y tolerar otras ideas, a aceptar la diferencia.