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Valladolid

Malabarismo presupuestario

Diego Jalón

Publicado el 17.10.2021

Los debates en el Parlamento, sobre todo en los últimos años, suelen acabar en pelea de bar, un “y tú más” en el que solo se escuchan insultos e improperios con los que unos y otros pasan el rato a costa de los contribuyentes. Poco o nada de lo que se dice es cierto ni sirve para nada. Pero de vez en cuando, en el fragor de la trifulca, un botellazo rompe una ventana y entra un rayo de luz que nos permite ver cómo son las cosas en este país.



 



El pasado miércoles tuvimos un buen ejemplo durante la intervención de Aitor Esteban, portavoz del PNV, partido más que cercano a los industriales vascos y a la mayor eléctrica de España. Sólo son seis diputados, pero saben muy bien cómo utilizarlos, porque tienen muy claro lo que les importa a ellos y sobre todo lo único que le importa a Sánchez.



 



Después de contarle al presidente que su decreto para “redirigir los beneficios de las eléctricas porque se lo pueden permitir” es “una solución simplona” y que “puede ser un golpe que tumbe definitivamente a las empresas y eso significa menos trabajo, menos inversiones, menos exportaciones, menos PIB, menos recaudación y menos políticas sociales" le urgió a “hacer algo ya”. Pero cuando se hizo la luz fue cuando le explicó a Sánchez por qué tiene que satisfacer esa exigencia: “Está en juego el futuro de su propio Gobierno”.     



 



Ahí, en ese preciso momento, se acabó la riña, y la altanería y la arrogancia narcisista del guapo presidente mudaron en un tono servil y un cierto temblor de muñeca al sujetar los papeles, mientras contestaba que sí, señor Esteban, que no se preocupe, que cambiaremos lo que haya que cambiar. Un momento revelador, porque pudimos ver cómo a Sánchez no le importan ni la economía de España, ni que suba o baje el precio de la luz, ni en realidad recortar o dejar de recortar los beneficios de las eléctricas. Lo único que le conmociona es que el futuro “de su propio Gobierno” se pueda ver amenazado.



 



Ahí se acaban la chulería y las bravuconadas y de pronto vuelve el diálogo y la educación. El único idioma que entiende el presidente es en el que le habló Aitor Esteban, y no fue precisamente en euskera. Veremos en qué queda el decreto con las enmiendas anunciadas por Teresa Ribera y qué malabarismos es capaz de realizar el Gobierno para contentar a la vez al PNV y a las socias de Podemos. No lo duden, Sánchez conseguirá que las pelotitas sigan dando vueltas un rato más.



 



Esto que ha puesto negro sobre blanco Esteban, que al presidente todo le importa una higa salvo seguir en palacio, es también el espíritu que impulsa el proyecto de ley de presupuestos, esos “presupuestos de la recuperación justa” de los que habla la ministra de Hacienda. Tan justos y redistributivos que, por ejemplo, Extremadura, donde las cosas están tranquilas y el presidente cree tener el voto asegurado, recibirá un 2,2% menos de inversión pública estatal que el año pasado, mientras que en Cataluña aumentará un 80%.



 



A Castilla y León le llegarán 997 millones, un 17% más que el año anterior, pero la cifra es engañosa ya que la inversión en nuestra región se redujo un 15% en 2021. La Autovía del Duero vuelve a ser ignorada, con siete tramos que no se licitarán tampoco el año que viene. Y lo mismo ocurre en Galicia, Castilla-La Mancha, Aragón, Asturias, La Rioja o Cantabria. Por no hablar de Andalucía y sobre todo de Madrid, a las que Sánchez castiga por la torpeza de sus ciudadanos a la hora de votar.



 



Esto responde a un principio básico del malabarismo, que es tener siempre algo en la mano y algo en el aire. Estos no son unos presupuestos justos, son conservadores y futuristas. Es decir que están diseñados para conservar los apoyos parlamentarios de ERC, PNV y Bildu y para recuperar votos en el único horizonte de futuro al que alcanza la mirada de Sánchez, que son las próximas elecciones generales.



 



La ingente inversión en Cataluña evidencia esta doble vertiente. Mantener los apoyos de ERC y aumentar las expectativas electorales del PSC, con la esperanza de reeditar los resultados del 2008, cuando los 25 escaños conseguidos sobre los 47 en liza otorgaron en 2008 cuatro años más en La Moncloa a Zapatero, una legislatura cuyos funestos resultados todos deberíamos recordar.  



 



Son presupuestos de oportunismo político y de reparto arbitrario entre regiones y ciudadanos. Pero son además engañosos. Como ha ocurrido en años anteriores, una cosa es lo que se anuncia y otra lo que se ejecuta, normalmente menos del 40%. Y es que no puede ser de otra forma porque se hacen al revés. En vez de empezar por saber de cuánto dinero se dispone para pensar luego en qué gastarlo, este Gobierno calcula (bueno, ya saben, más o menos) qué dinero necesita Sánchez para que le voten en las siguientes elecciones. Un 16% más de gasto en pensiones, subidas de sueldo a funcionarios, 12.550 millones en juventud, el doble que el año anterior…



 



Luego se cuadran las cuentas a martillazos inventando unos ingresos a base de estimaciones económicas irrealizables para obtener una previsión de recaudación que no se va a cumplir. Y entonces o no se ejecuta el gasto o no se paga lo gastado. Y en este malabarismo, los votos y los apoyos en la mano y los de siempre con el culo al aire.



 



Se van a recaudar, según las previsiones del Gobierno, 17.000 millones más en IVA e IRPF, dos impuestos que soportan muy mayoritariamente las clases medias, los autónomos y los trabajadores. Pero eso, según la Ministra de Hacienda, quiere decir que las cosas les van bien y que gracias a su esfuerzo, tendrán mejores servicios: No podemos tener un estado del bienestar de primera con unos ingresos de tercera”. Así que ya saben, a sudar la camiseta que tenemos que mantenernos en la división de honor.



 



Y frente a estas cifras mareantes de decenas de miles de millones para subvenciones, bonos jóvenes, pensiones y sueldos de funcionarios, las infraestructuras siguen siendo las grandes olvidadas, con 1.200 millones para mantenimiento de carreteras, 829 para aeropuertos y 995 para infraestructuras hidráulicas, en donde padecemos un gravísimo déficit en depuración de aguas residuales. Por no decir que dedicaremos a la investigación científica más o menos el mismo presupuesto que el que tiene la camarada Irene en el Ministerio de Igualdad para contratar a delincuentas convictas e imputados por malversación y cohecho.



 



De momento todo bien, pero tarde o temprano vendrá un duro ajuste, porque no se pueden mantener las pelotas en el aire eternamente, al final se acaban cayendo. Ya le ocurrió a Zapatero. Pero como decía el escritor inglés Max Beerbohm, “algunas personas nacen para levantar cosas pesadas, otros nacen para hacer malabares con bolas doradas”. Ya sabemos que Sánchez es de los segundos, así que al resto nos tocará apechugar con lo primero.


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