Lugar común la música

La crítica cultural de Ágreda en Tribuna Valladolid.

Lo que le interesa a Antoni Wit -que dirige esta noche la OSCyL- son los momentos en que la música se revela y es capaz de compartir con el espectador un lugar común que se vuelva irrepetible. AW siempre dirige conciertos para que la vida salga a relucir y merezca la pena.

 

Tal vez, la verdad se pueda encontrar en la belleza de la música. En la belleza del compositor Ottorino Respighi (1879-1936) que esta noche perfuma la Sala Sinfónica Jesús López Cobos. Las Arias y danzas antiguas, Fiestas romanas, y el Concierto para violín llevan una delicadeza intrínseca que llegan al alma del oyente que se siente en la obligación de callar no sea que el estrépito de cualquier nota pueda convertirle en polvo.

 

Es fácil identificarse con la música de Respighi. A Respighi le gustaba la lentitud. Y escuchar. Su música siempre es una pregunta que necesita atención y percepción.  Y eso lo sabe de sobra el director que dirige esta noche la OSCyL. Su portentosa batuta, su mirada, su porte, se convierten  esta noche en traductores  precisos de toda la cosmología sonora de Respighi.

 

Y luego llegó Eric Silberger con su violín.  Con las aspiraciones intactas para llegar lejos, muy lejos y con esa energía de sentirse inmortal. Nos ofreció una lección de esperanza, exquisitez, coraje y empeño individual que recordaremos durante mucho tiempo. Mujeres, hombres y jóvenes escuchando   en silencio, respirando y latiendo al mismo tiempo en la Sala Sinfónica Jesús López Cobos. Seguro, seguro que  a Respighi se  le hubiesen saltado las lágrimas.

 

La música de esta noche tiene la cualidad de unir, iluminar, acoger y salvar.  A la OSCyL se la quiere por este tipo de conciertos y no por “otros bolos“ (estoy pensado en 'Yo, Claudio' y en 'Prodigios' -segunda temporada-)  donde despilfarra prestigio y energía musical.

 

No tendría yo la debida confianza en las palabra si no estuviera segura de que los distintos momentos de mi vida, los lugares donde se aclimataron  y los seres que los compartieron  giran como planetas en torno de alguna de ellas, escribe Ida Vitale es su imprescindible libre Shakespeare Palace.

 

Lo mismo se podría de decir de “la confianza en la música”. La OSCyL tiene que huir como “gato escaldado” de la superficialidad y centrarse en captar la hondura de la música para trasformar la  vida de quien la escucha. Una buena Orquesta Sinfónica se consigue penetrando y yendo al fondo de la música, no quedándose en la superficie.

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