Los insectos y el teatro

La crítica cultural de Ágreda.

Los insectos son uno de los pilares más importantes de la naturaleza ya que realizan funciones que solo ellos pueden lleva a cabo. Eso nadie lo discute. Muchos de los productos que consumimos son consecuencia de su laboriosidad. Entre otras cosas polinizan flores y  árboles que sirven de alimento a miles de especies animales. Sin los insectos todo sería desequilibrio y problemas. 


El teatro permite recrear la desnudez prohibida en la vida real, proscrita  para los hombres y mujeres de carne y hueso. Es capaz de despertar deseos y sentimientos sublimes y de los otros  que se esconden dentro de nuestra intimidad. El teatro es capaz de arrastrarte a mundos ideales, fantasiosos que se presentan antes tus ojos como puertas abiertas a lo desconocido. Puertas abiertas al miedo. Puertas abiertas por las que puedes escapar a otro mundo, a otras leyes, a otros valores. A percibir en la calma de la butaca,  la belleza. 


El teatro, como los insectos, cumple sus funciones por los diferentes escenarios de la geografía española. La tragedia nos enseña que el dolor es inherente al género humano. La tragedia siempre es catártica  porque ayuda a superar el dolor y a pararte a pensar. Al contrario, la comedia empatiza con ese dolor y pone distancia, lo relativiza. Y todo con humor. Porque el humor tiene la cualidad de humanizar aquello por lo que se ríe en el patio de butacas. 


La Celestina, El Quijote (por nombrar dos) tocan el K2 del humor y son transgresoras porque suele aparecen siempre la figura del bufón. Es sabido que la comedia siempre presenta al rey desnudo, presenta el sarcasmo y la crítica como pilares fundacionales. Crítica normalmente al poder. Al poder, cualquiera que haya leído a Cervantes lo ha podido comprobar, le da  mucho miedo que se rían de él. 


El teatro es libertad. Todo pude suceder en un escenario, todo se puede percibir y describir a través de la palabra y una escenografía. La vida del espectador se puede llegar a transformar durante sesenta  minutos (para qué más) pero eso requiere de él una reflexión y un  juicio subjetivo. Requiere una mirada - en griego, theorein- que obliga al espectador a pensar a descifrar su mundo  y el mundo que le rodea.


El teatro te enseña a escapar de las trampas de la intolerancia proponiendo otras formas de hacer las cosas dejando atrás los prejuicios, dejando volar los sentimientos, a su libre albedrío, como los insectos, disfrutando de plantas y flores , sin necesidad de entender para disfrutar. Solo y exclusivamente como deleite.