Los Dardenne abren la Seminci a lo grande

Marion Cotillard en Deux jours, une nuit, de los hermanos Dardenne

La película 'Deux jours, une nuit', ha inagurado la Seminci entre aplausos. Es un extraordinario retrato de las clases sociales más marginadas en nuestra actualidad.

Los hermanos Jean-Piere Dardenne y Luc Dardenne han abierto la 59º edición de la Seminci con su último trabajo, Deux jours, une nuit (Dos días, una noche). La cinta, muy apludida por el público vallisoletano, centra su mirada en las clases sociales más marginadas, porque como es habitual en el cine de los Dardenne, sus protagonistas se alejan de la suntuosidad para estar sumergidos en un contexo de absoluta crudeza social y económica.

 

Los realizadores belgas, como hicieron por primera vez los neorralistas italianos a mitad del siglo XX, trasladan su cámara a la calle para hacer protagonistas a la gente más corriente que tiene que luchar a diario para sacar adelante sus vidas. Y en Deux jours, une nuit, hacen uso de una clarividencia y lucidez narrativa absoluta para ofrecer al espectador la crónica a contrareloj de una mujer por la supervivencia de su familia.

 

Y es que esa mujer, a pesar de todo el desconsuelo que recorre su tormentosa existencia, resplandece ante los ojos del público a causa de un rostro extraordinario como el de Marion Cotillard que encarca con su personaje a una heroína de la vida real. Porque los Dardenne lo tienen claro, en cualquier combate por la vida, si plantas cara y luchas por lo tuyo da igual el resultado porque ya habrás ganado.

 

 

A pesar de que la cinta de los Dardenne ha saciado desde el primer momento el apetito del público de la Seminci por un cine de alto nivel, los espectadores de Valladolid abarrotan los teatros de la ciudad dispuestos a dejarse sorprender en todo momento por un cine de autor que ofreza experiencias alejadas de lo ordinario. Pero Galore, la cinta australiana de Rhys Graham no lo ha conseguido en absoluto. Galore es un drama juvenil interesante en su planteamiento pero fallido en su contenido y sin capacidad alguna para crear un lazo de empatía con el espectador.

 

Se debe reconocer el mérito interpretativo de las actrices protagonistas, Lily Sullivan y Ashleigh Cummings, que encarnan a dos quinceañeras que transitan en la película por una imaginaria travesía que apenas es capaz de separar el peligro de la felicidad.

 

El trabajo de fotografía de Stefan Duscio debe ser tan bien valorado, captando la naturalidad y la armonía del paisaje de los suburbios de Canberra. Pero todo ello queda en un segundo plano cuando el realizador es incapaz de ofrecer un guión dotado de verosimilitud y carente de ritmo narrativo transformando de esta forma una propuesta atrayente en una cinta espesa y tediosa.

 

 

Chelli vive junto a su hermana Gabby, que sufre una deficiencia mental. Los servicios sociales descubren que la deja sola en casa cuando acude al trabajo. De esta forma, Gabby es trasladada a un centro. Este el punto de partida de At li layla, el primer largometraje de Asaf Korman que dirige y escribe una película que obliga al espectador a introducirse en un ambiente de incomodidad, rígidez y lobreguez.

 

A pesar de que Asaf Korman hace uso de una notable sensibilidad dramática, At li layla refleja un universo turbio y claustrofóbico pero que se mantiene en todo momento dentro de la delicadeza y el realismo dramático. Difícil de ver, pero necesaria.