Los 10.000 demócratas

Cultivo una pasión. Una pasión que siempre va conmigo y con la he aprendido los valores de la honestidad, la admiración, la búsqueda de la verdad, la libertad. He aprendido a ver, a escuchar, a reír, a llorar, a vivir, a amar. Una pasión sin límites: la Tauromaquia. La Tauromaquia es cultura, espíritu, gran entretenimiento. La vida misma.

FICHA TECNICA: Plaza de Toros de Valladolid. Casi lleno, más de 10.000 espectadores. Feria taurina de San Pedro Regalado. 6 Toros de Núñez del Cubillo para los diestros Morante de la Puebla, J.M. Manzanares y Alejandro Talavante.

 

La vida, como la Tauromaquia es mucho más amplia que la posibilidad de representarla. Esta tarde Morante de la Puebla atrapa al espectador con su empaque, su torería, su arte en el sentido más clásico pues da forma humana a la materia bruta, a la embestida del toro. Escribe Bergamín que el entendimiento del toreo es, naturalmente, consecuencia de una limpia y fina sensibilidad: porque el toreo es lo que hay que ver, cosa de ver y de entender por consiguiente: cosa, objeto de la percepción y el entendimiento.

 

El marco bellísimo de esta Plaza de toros es parte sustancial del paisaje de esta ciudad; un punto de encuentro entre un número de aficionados (hoy más de 10.000) que han comprado su entrada y tiene grandes expectativas para disfrutar de ese juego inteligible - otra vez Bergamín- en que peligra la vida del torero; la vida verificada, sin temor hasta la muerte.

 

En la sociedad actual no hay lugar para la muerte. No queremos tener que ver con nada que sea real. Nos distraemos con vidas superficiales, pero el torero no miente. No hay nada más trasparente decía el maestro Chenel que el traje del torero, el “Chispeante”.

 

La muerte y la vida. “He perdido mi infancia y mi juventud y se la he ofrecido al toro, que ha cambio me ha dado su vida cada tarde”. No existe lugar más democrático que una Plaza de toros. Aquí estamos todos juntos, los unos y los otros, los diferentes. No hay nadie idéntico. Porque la Tauromaquia no se asienta sobre prejuicios, sino todo lo contrario. Al revés de esos que saltan a la plaza y que no les importan los derechos de los otros y están dispuestos a usar cualquier medio –incluido el de la violencia- para lograr sus objetivos.

 

He tenido la oportunidad, delante de la cara del toro, de olvidarme y encontrar la soledad. El torero es un ser solitario. El artista supremo.

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