Lorca, un español integral
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Lorca, un español integral

En escribir tardo mucho. Me paso tres y cuatro años pensando una obra de teatro y luego la escribo en quince días… Cinco años tardé en hacer Bodas de sangre, tres invertí en Yerma. De la realidad son frutos las dos obras. Primero notas, observaciones de la vida misma… Luego un pensar en torno al asunto. Un pensar largo, constante, enjundioso. Y, por último, el traslado definitivo; de la mente a la escena.

Valladolid. Laboratorio de las Artes y las Letras. LAVA. La correspondencia personal de Federico García Lorca. Autor: F.G. Lorca. Dramaturgia y dirección. Juan Carlos Rubio. Intérpretes: Gema Matarranz y Alejandro Vera. Una producción de Histrión Teatro. Fotografía en escena: Gerardo Sanz.

 

En esta obra de teatro hay humor y temor, profesionalidad y disparate, cordura y realidad, orden y desorden en liza. Se nota que los actores son buenos conocedores de la obra de Lorca, ese domador del lenguaje, rebelde social y azote de convenciones sociales. El romancero gitano quisiera reservarlo y hacer un libro de romances. Estos días he hecho algunos como el de Preciosa…Su luna de pergamino/Preciosa tocando viene, /por un anfibio sendero/de cristales y laureles. El silencio sin estrellas, /huyendo del sonsonete, /cae donde el mar bate y canta/su noche llena de peces.

 

Lorca fue una leyenda en vida, escribe Agustín Sánchez Vidal. Su obra sólo es un pálido reflejo del aura que irradiaba el personaje. El mismo tenía un sentido del mito, un certero instinto para acuñarlo. Y son esas raíces primigenias que lo hacen universal. New York es terrible. Algo monstruoso. A mí me gusta andar por la calles, perdido; pero reconozco que NY es la gran mentira del mundo…Los ingleses han llevado allí una civilización sin raíces. Han levantado casas y casas: pero no han ahondado en la tierra…

 

El hechizo de esta obra une a todo el público porque está muy bien construida. Nos muestra toda la geometría de las pasiones lorquianas de una manera bella, mágica y llena de la emoción que tiene la alegría y la tristeza. Aplaudo la interpretación, la valentía y profesionalidad de Gema Matarranz y Alejandro Vera porque tienen aura y elegancia a raudales.

 

No me olvido de la puesta en escena mezcla de magia, sorpresas y encantamiento a partes iguales. Todo lo que aparece en escena alivia la soledad del espectador como en un juego de espejos. El público vibra y resuenan los merecidísimos aplausos porque acabamos de presenciar una de las grandes funciones de la temporada del LAVA.

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