Lope en el Calderón

El teatro ayuda a respirar en comunión con desconocidos, sin pelearte, a experimentar cosas que te sacan de tu vida y al mismo tiempo te hacen reflexionar sobre ti.

FICHA TÉCNICA: Teatro Calderón. El Caballero de Olmedo, de Lope de Vega. Versión y dirección: Eduardo Vasco. Diseño de Vestuario: Eduardo Caprile. Intérpretes: Daniel Albaladejo, Arturo Querejeta, Isabel Rodes y otros.

 

“Esta noche le mataron/al Caballero, / la gala de Medina, / la flor de Olmedo”. Los hechos son como las palabras, útiles para descifrar las voluntades con las que se agita el azar. Pablo Neruda lo dejó dicho: “El destino del hombre es amar y despedirse”. La puesta en escena de esta obra es todo un regalo de imaginación, belleza y talento. La mezcla de fantasía y realismo, ficción y verdad da comienzo al viaje del Caballero de Olmedo. No hay nada más transgresor que el amor, ni nada más peligrosa que la generosidad. El amor concentra todo el peligro que tiene el ser humano porque nos hace imprevisibles, desconocidos y únicos. Amor, muerte, destino: los tres pilares -nos dice Francisco Rico- de la ironía trágica en el Caballero. “Por la tarde salió Inés/a la feria de Medina/tan hermosa, que la gente/pensaba que amanecía”.

 

Arturo Querejeta, -como diría Marcos Ordoñez- es un actor profundamente instintivo de los que se hacen con un personaje como un cazador indio: por rastreo y por cerco. Daniel Albaladejo sonó en alguna escena un tanto embarullado y le faltó una mayor proyección vocal; los audífonos de menos de mil euros demostraron sus carencias cuando D. Alonso susurraba a Doña Inés. Isabel Rodes clava el personaje de Doña Inés con una dicción cristalina, se lanza de cabeza sobre su personaje y nos hace ver el desamparo, el deseo y la tristeza demostrando que es una de las mejores actrices que pisan los escenarios españoles.

 

En definitiva que pasamos un buen rato porque el Caballero de Olmedo es una obra que va directa al corazón del público. ¿Qué más se puede pedir?