Lo que ha unido la ONCE…

La brasileña Florentina Castro Piotrowski tuvo una infancia dura en su São Paulo natal por sus problemas visuales y la excesiva sobreprotección de sus padres. Ya en España, gracias a la ONCE, encontró una oportunidad laboral y conoció al amor de su vida, el también cuponero José Antonio Rodríguez.

Florentina Castro y José Antonio Rodríguez, unidos por un cupón de la ONCE. JOSÉ ÁNGEL GALLEGO.

Once preguntas, once respuestas:

 

1.Una afición: Mi trabajo.

2. Su mejor momento como vendedora: La alegría que ofrezco a mis clientes cuando toca algo, aunque de momento el mayor premio ha sido de 3.000 euros.

3. Su peor momento: Fui engañada por alguien que creí que era mi amigo. Pasaba mucho tiempo junto a mí mientras vendía y resultaba que me robaba rascas.

4. Su mayor premio: Mi familia, mis padres y mi marido.

5. Es superticiosa: No.

6. Un juego: El Súper 11 y las damas.

7. Un número de la suerte: El 13.

8. Su mayor apuesta en la vida: Ser feliz.

9. Salud, dinero o amor: (se lo piensa) El amor, quizá…

10. Su mayor capacidad: Ser persistente, no desistir.

11. La ONCE una palabra: Mi vida.

¿Se acuerdan de José Antonio Rodríguez? Sí, aquel cuponero que siendo un niño venció al cáncer y que a pesar de sus problemas visuales nunca se rindió. Pues bien, hoy conoceremos a su mujer, a Florentina Castro Piotrowski. Ellos encontraron en la ONCE una ocasión laboral y… ¡sorpresa! una oportunidad para el amor.

 

Porque José Antonio y Florentina se conocieron gracias a la ONCE y se enamoraron. Uno, de Carpio; la otra, brasileña. Él, muy optimista y positivo; ella, mucho más pesimista. José Antonio, extrovertido y echado para adelante; Tina, muy tímida.  En lo que coinciden es que ambos sufrieron una infancia dura, marcada por sus problemas con la vista. Pero hoy son marido y mujer, comparten trabajo como vendedores de la ONCE y lo que es más importante, felicidad. Una bonita historia de amor.

 

UNA DURA NIÑEZ EN BRASIL

 

De padre leonés y de madre brasileña, con acescencia polaca,  Florentina Castro Piotrowski nació en São Paulo hace 52 años. Su niñez no fue fácil.Era casi una ermitaña, no salía, siempre muy protegida por mis padres”, reconoce la protagonista de la undécima historia de Once de la ONCE. Tina fue diagnosticada erróneamente con el síndrome de Marfan. Su escasez visual, unida a esa diagnosis desafortunada y a unos padres demasiado proteccionistas, hicieron de Florentina una niña que creció en una burbuja de cristal. “Me autoanulé”, sentencia.

 

Años más tarde, ya en Valladolid, especialistas del Instituto de Oftalmobiología Aplicada (IOBA) dieron con el problema: “Tenía una miopía muy fuerte y glaucoma, que me ha ido haciendo perder visión”. Se emociona cuando recuerda lo duro que fue no tener profesores especialistas que guiaran su educación. “Logré obtener los estudios de Primaria gracias a mi esfuerzo, pero nadie me enseñó a leer en braille, por ejemplo”. Tina no salía con otras jóvenes, ni hacía vida de adolescente. Sus días transcurrían al lado de sus padres. Ni estudiaba, ni trabajaba, solo ayudaba en casa.

 

Tuvieron que pasar 30 años hasta que Tina descubrió que había vida más allá de su reducido núcleo familiar. “Estaba tan encerrada en casa que tenía miedo hasta de sacar la basura”. Fue entonces cuando conoció a una amiga invidente con la que comenzó a salir y a frecuentar una organización, llamada Lara Mara, que ayudaba a personas con problemas visuales. “Descubrí otra vida, me liberé de mis padres y fui perdiendo el temor a hacer por mí misma las cosas normales de cualquier joven, hasta nos atrevíamos a coger el metro”.  

 

Aquel año fue “hermoso” para Florentina; aunque de nuevo su felicidad se vio truncada. Su padre, camarero en un hotel, alcanzó la jubilación en el año 2000 y decidió junto a su mujer regresar a España y hacerlo a su pueblo de origen, Santibáñez de Valdeiglesias, una pequeña población leonesa enclavada en pleno Camino de Santiago. Aquella decisión fue un jarro de agua fría para Tina que no se adaptó a la vida tan tranquila y monótona -durante casi un año- en esta minúscula localidad. “Solo hacía que llover, no me gustaba nada esa vida, no podía hacer nada más que ayudar en las tareas del hogar”.

 

Después de aquel despertar al mundo que había experimentado en esos últimos meses en Brasil, de nuevo regresaba su sino, pero Florentina no se resignó; y la ONCE salió al rescate. “Fui a León, me afilié. Hablé con la psicóloga, quería trabajar, estaba desesperada”. Tina se aferra a la taza de café caliente inconscientemente. Así se agarró a la Organización Nacional de Ciegos Españoles.  Se obró el milagro. El 1 de abril de 2001 era ya, oficialmente, vendedora de la ONCE en Valladolid, donde había una plaza vacante.

 

-¿Y tus padres? “Al principio no les gustó, claro, pero me puse tan pesada… no quería seguir viviendo así ”. Tina llegaba a una ciudad que no conocía, comenzaba a trabajar por vez primera en sus 32 años de existencia. La vida comenzaba a cambiar de color y eso que los principios fueron duros. Separarse de sus padres no fue fácil y cada fin de semana viajaba hasta el pueblo para estar con ellos. Por si fuera poco, no estaba acostumbrada al frío de Valladolid “porque aquí el frío duele, ¿sabes?”, dice con ese acento brasileiro que todavía no ha perdido. Diez años en la puerta de Las Francesas dan para mucho; también para chuparse alguna que otra helada pucelana. Ahora disfruta de su privilegiada vista desde el calentito quiosco en la calle de Santiago con Plaza de Zorrilla.

 

Pero a pesar de todo, la ONCE le dio “todo”. “Me dio la vida, me mostró que yo era capaz, me permitió decir adiós a aquella persona hundida” y sobre todo: “me dio el amor”. Porque Tina comenzó a coincidir con José Antonio y a salir con su pandilla de amigos, muchos de ellos también de la organización. El destino estaba escrito y el 21 de octubre de 2007 se casaron en Carpio, en el día más feliz de sus vidas [no es una frase hecha]. Ojo, que también fue un “shock” para sus padres. Las lágrimas asoman en los ojos vidriosos de Tina. No puede continuar el relato. “Es que soy muy tonta”. –No, perdona, es que es muy bonito y todos tenemos derecho a llorar de felicidad. Especialmente quien en su vida jamás tuvo motivos prácticamente ni para sonreír.

 

Hoy, casi 13 años después, Tina y José Antonio siguen igual de enamorados. Él pone la mesura y la solución a los problemas del día a día; ella le adora. Y desde entonces, aquella niña brasileña que no salía de su burbuja ha sentido en sus entrañas una palabra que no conocía: felicidad. “Soy feliz a su lado”.  “Nos encanta hacer cosas juntos, viajar por ejemplo, nos gusta mucho Canarias”. Lejos de que sus problemas visuales sean un problema, los dos se complementan y se descojonan [perdonen por la expresión, pero es la más acertada que encuentro] cuando surgen los despistes propios de quienes apenas ven.

 

“Cada viaje es una aventura, una diversión. Cuando vamos al bufet de un hotel nos echamos comida sin saber qué es… nos reímos mucho probando de todos los platos”. Puede ser una insignificante anécdota, pero dice mucho de su apuesta frente a la vida. ¿Han probado ustedes ha entornar los ojos casi por completo y apañárselas por unos segundos? Pues así es cada minuto de su día a día.

 

La conversación va tocando a su final. Ha merecido la pena conocer la historia de Florentina Castro Piotrowski, quien tampoco se resignó a estar lejos de sus padres. “Hace diez años mi padre sufrió un infarto, es por eso que me los traje a Valladolid. Aquí les puedo cuidar, siempre estoy con ellos”. Sus padres, José Antonio y  su inseparable perra Pipoca, en portugués palomita de maíz, son su FAMILIA, con letras mayúsculas. Sirva esta preciosa historia para poner el broche de oro a un serial de entrevistas que precisamente comenzó el once de noviembre de 2019 y que nos ha llevado a descubrir once historias muy diferentes de once vendedores de la ONCE: a veces entrañables, a veces crudas, emotivas, duras, de superación y casi todas con final feliz, como esta de José Antonio y Tina, porque ya se sabe que ‘Lo que ha unido la ONCE…’

 

Comentarios

Deja tu comentario

Si lo deseas puedes dejar un comentario: