"Llevaba cinco años jugando y mis padres me pillaron el día antes del confinamiento, en ese momento buscaron ayuda"
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"Llevaba cinco años jugando y mis padres me pillaron el día antes del confinamiento, en ese momento buscaron ayuda"

Un joven de 24 años, paciente de Asociación de Jugadores Patológicos Rehabilitados de Valladolid, insiste en la importancia de pedir ayuda y asistir a terapias de ayuda para solucionar la adicción

Mientras para muchos jóvenes con adicción al juego el confinamiento les ha supuesto una mayor participación en los juegos online, mucha gente acostumbrada a jugar únicamente de forma presencial ha sufrido una situación contraria. Es el caso de este joven vallisoletano, que tras un largo período jugando en las casas de apuestas a escondidas de su entorno, se unió en plena cuarentena a las terapias de la Asociación de Jugadores Patológicos Rehabilitados de Valladolid (Ajupareva):  Llevaba 5 años jugando y mis padres me pillaron el día antes de que empezase el confinamiento, en ese momento buscaron ayuda".

 

 

"Precisamente la cuarentena me ha venido fenomenal, porque yo jugaba de forma presencial, a la ruleta electrónica, máquinas tragaperras y apuestas deportivas, y así he estado más aislado de eso”, subraya este joven que durante el confinamiento ha seguido un tratamiento de la mano de Ajupareva, al igual que muchas otras personas que quieren solucionar su adicción al juego. 

 

 La situación obligó a la asociación a adaptarse y ofrecieron atención online.Nos conectamos por una aplicación. Yo tengo una terapia los lunes, otra los miércoles que es con los familiares y a veces se conecta también mi pareja, los jueves con el psiquiatra y los domingos una terapia con el grupo de iniciación junto con la psicóloga”, explica el joven paciente.

 

La dificultad de los jóvenes a la hora de hacer frente a la adicción al juego, radica en no reconocer el problema en sí y creer controlar una situación que está completamente fuera de control. “A veces te lo propones y te dices a ti mismo que ya está, que ya no vas a jugar más, pero al final siempre vuelves a caer", lamenta el paciente que se presta a dar su testimonio.

 

Mandar un mensaje de socorro es fundamental para empezar una recuperación y así lo reitera este vallisoletano, quien asegura que "si no se pide ayuda es muy difícil salir". "Toda la gente que está en la asociación ha sido porque alguien de su entorno se ha dado cuenta de la situación y los han llevado allí. Nadie acude a estos sitios de forma voluntaria y admite que tiene un problema”, confiesa.

 

 

Así lo demuestra un estudio realizado por Ajupareva, junto con el Consejo Local de la Juventud de Valladolid y el Ayuntamiento de Valladolid, a través de las concejalías de Educación, Infancia, Juventud e Igualdad y de Participación Ciudadana y Deportes, que indica que apenas un 5% de los jóvenes reconocen tener un problema con el juego y por lo tanto no piden ayuda a los organismos especializados.

 

Y es que cuando se pide ayuda a estas asociaciones suele ser en el momento que familiares o amigos descubren el problema. “Tú no te das cuenta de que tienes un problema en ningún momento. En mi familia nunca ha habido ningún caso de este tipo y estar en Ajupareva nos ha hecho ver la luz al final del túnel”, incide el joven.

 

Por otro lado, este vallisoletano de 24 años recuerda cómo su adicción al juego le impidía llevar a cabo su día a día. “Llevas dos vidas, por decirlo de alguna forma. En casa tenía buena relación con mis padres y me llevaba bien con mi pareja, pero luego cuando estaba solo pues era otra persona, una persona que mentía y que estaba todo el tiempo engañando para que no me pillasen”, reconoce el joven.

 

Asimismo, apunta que son muchos los grupos de jóvenes que acuden juntos a las casas de apuestas de Valladolid con el fin de divertirse un rato y disfrutar en compañía de una actividad aparentemente recreativa. “Yo jugaba en las casas de apuestas con mis amigos y ellos sabían que yo jugaba y apostaba porque, allí jugábamos todos. Luego empecé a ir yo sólo y a perder el control y eso ya no lo sabían. Me pillaron porque cada vez necesitaba más dinero", rememora.

 

 "Las ultimas veces llegué a gastarme 500 euros semanales y le pedí dinero a un amigo, empecé a pedir una vez y otra vez, entonces se enteró de que algo no iba bien y habló con mi pareja”, relata este joven vallisoletano que lleva cerca de tres meses alejado del juego gracias a la ayuda de la asociación.