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Llega el Summer End a Simancas, un festival que cumple 10 años promocionando la música de Valladolid

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Este viernes 30 de agosto desde primera hora de la tarde hasta bien entrada la madrugada en Simancas

Desde que el Summer End Festival existe, el fin del verano ha dejado de ser motivo de tristeza. La celebración de la música hecha en Valladolid (y un puñado más de bandas nacionales) es la excusa perfecta para poder concluir el periodo estival. La cita, este viernes 30 de agosto desde primera hora de la tarde hasta bien entrada la madrugada en Simancas.

 

Y de tocar va la cosa, porque el festival es ya veterano. Desde hace diez años llena de colorido y apuestas musicales este pueblo limítrofe con el sur de la ciudad. "En el festival la mayoría son de Valladolid y provincia, pero siempre solemos traer algún grupo nacional", nos comenta su organizador, Giovanni Olcese.

 

El talento local y de la provincia siempre ha sido el principal plato del Summer End, aunque acompañado de bandas de otras partes del territorio nacional. De esta forma, el cartel está presidido por Salto, una banda de Madrid, Disciplina Atlántico, con mitad de la formación madileña y la otra mitad vallisoletana y Sean Marholm, que esta vez viene en acústico pero presume de liderar Dinero. 

 

El cartel lo completan Marranones con Tomate, Ley Mostaza, José Carreño, Intronauta DJ, Blow, Guille Jové, entre otros, en lo que será "una reunión por todos estos años" con sorpresas: "artistas vallisoletanos que no están en el cartel, pero que han pasado por el festival estos años harán colaboraciones", desvela. 

 

En cualquier caso, será una edición especial por diversos motivos y por la que esperan "que venga bastante más gente que otros años". El primero, por la fecha marcada. Un décimo aniversario es imposible no celebrarlo por todo lo alto. Y segundo, por haber recorrido el largo sendero que supone año tras año organizar un evento multitudinario y gratuito. 

 

Porque este festival es pequeño, pero lleva una década dando guerra y es motivo para enorgullecerse. Primero en la urbanización de El Pichón, luego asentado en Simancas para después abandonar el pueblo e instalarse efímeramente en la Plaza de Toros de Arroyo de la Encomienda. "Nunca debido abandonar nuestros orígenes", comenta de aquella edición. "Decidimos volver a nuestro pueblo, donde hemos crecido y con el mismo festival de siempre. Es lo que queremos ser", concluye.

 

Para su décimo aniversario plantea la misma fórmula: despedir el verano en Simancas, en su pueblo. Y también en el pueblo de todos los que apoyan la música creada en tierras vallisoletanas.