Librerías 4. El sueño de Pepa

El sueño de Pepa

He venido hasta la Librería El sueño de Pepa en busca de Mario Vargas Llosa,  quiero mantener una conversación con él sobre los libros, Buenos Aires, los gatos, Borges  y  los laberintos. Y también sobre su último libro Medio siglo con Borges.

 

Borges siempre vestía como si fuera a  recibir el Premio Nobel;  como si fuera a recibir la visita del presidente de la República. Elegante de día y de noche. La primera obligación que tiene el hombre es ser amable, ser cortés. Su risa no siempre fue la misma. Luego tuvo la sonrisa de Feliciano, de Stevie Wonder, del Sr. Quintín Villagrán Rodao. Le gustaban los gatos. Siempre dispuesto a buscar en los sueños el alimento de la realidad.

 

La candente mañana de febrero en que Beatriz Viterbo murió, después de una imperiosa agonía que no se rebajó un solo instante ni al sentimentalismo ni al miedo, noté que las carteleras de fierro de la Plaza Constitución habían renovado no sé qué aviso de  cigarrillos rubios; el hecho me dolió, pues comprendí que el incesante y vasto universo ya se apartaba de ella y  que ese cambio era el primero de una serie infinita.

 

Borges habitaba en las nubes. Las lecturas fueron su alimento y el vehículo para relacionares con los otros y con el mundo. Su genio está impregnado en la literatura de todos los idiomas.  Manejaba todos los vocabularios. Sus libros están llenos de referencias en las que habita. Admiraba la imaginación inagotable de Stevenson, cuya obra como la Borges ha dejado una huella imborrable en el mundo de las letras.

 

Los adjetivos se acumulan: brillante, insólito, sarcástico, y laborioso, tuvo tiempo para darse un garbeo por el mundo y echarse novia a última hora que le sirvió de consuelo y guía en el otoño de su vida. Maria Kodama. Escuchaba negando aunque estuviera de acuerdo. Tenía todos los conceptos y todos los sueños en su cabeza. Un tiempo donde estaba leyendo era un tiempo perdido, desperdiciado, inútil.

 

El placer nunca hay que demorarlo. Salgo de la Librería El sueño de Pepa con ganas de llegar casa, sentarme en el Stressless, abrir el libro de Llosa y envolverme en el bálsamo de la palabras hermosas que destila este libro. María José, sale a despedirte a la puerta y tienes la sensación de que es de las pocas libreras que saben su oficio y eso se agradece que no veas.