Las patadas de Griffiths dan la séptima Liga al VRAC

El VRAC festeja el título. JORGE IGLESIAS
Ver album

En un partido con más garra que florituras, los queseros impusieron su ley a base de transformar los golpes de castigo cometidos por El Salvador (6-15).

El VRAC ya ha alcanzado su séptima Liga y, tras su consecución, se encuentra en el séptimo cielo. Los de Diego Merino se mostraron más fuertes que su rival, tanto física como mentalmente, y se llevaron el título gracias a los aciertos de Griffiths en los golpes de castigo. El Salvador pagó sus errores y se quedó con la miel en los labios de igualar al Arquitectura como el equipo con más campeonatos.

 

Desde el primer momento se vio a un Quesos mucho más metido en el partido. Mordió a su rival y le encerró en su campo. Los nervios de los blanquinegros se derivaron en errores que, a su vez, se convirtieron en golpes de castigo. Porque los fallos jugaron una mala pasada a los de Juan Carlos Pérez durante los 80 minutos.

 

Griffiths tuvo la primera oportunidad a los cinco minutos. Se vio con fuerza y pidió palos en un golpe de castigo. Pero la acción era muy lejana, y finalmente, el oval salió desviado de su objetivo. Aunque poco después los chamizos cometieron otro golpe en una posición centrada y golosa, desde la que el quesero no perdonó.

 

El Salvador espabiló y encerró al VRAC en su veintidós. Fue ganando metros poco a poco hasta rozar la línea de marca. Cuando parecía que el ensayo iba a llegar, un nuevo error de los blanquinegros acabó en golpe para respiro de su rival. Estaban mejor los de Juan Carlos Pérez, pero no terminaron de despuntar. Tuvo que aparecer Graaff para, desde el centro del campo, pasar un golpe y colocar el 3-3 en el minuto 27.

 

El empate era justo, pero en Pepe Rojo hubo dos equipos que concibieron de forma muy diferente el perdón. Y es que el Quesos no tuvo piedad y el cañón que tiene Griffiths por pierna erigió al inglés como el auténtico protagonista de la final. Justo antes del descanso, en el tramo psicológico de partido, volvió a sacar su fusil para hacer el 3-6.

 

Como suele ocurrir, los chamizos salieron mermados tras el paso por vestuarios. Fue ahí cuando los de Diego Merino vieron la gran oportunidad y siguieron a lo suyo: forzar y/o esperar errores del rival. Así, Griffiths pasó otros dos golpes para elevar la ventaja a 9 puntos y poner al Chami a dos jugadas.

 

Los blanquinegros no se rindieron y Graaff puso picante a la final con un golpe certero (6-12). Pero les duró poco la esperanza, ya que poco después el apertura inglés selló su actuación con otros tres puntos que colocaron el 6-15.

 

Pese a que restaban 12 minutos por delante, el marcador no se movió. El VRAC supo defender su ventaja para terminar festejando su séptima Liga y sacarse la espina de la temporada pasada, cuando precisamente su vecino le rompió la racha de cuatro consecutivas.

Noticias relacionadas