Las Aceñas y el Molino de la peña de Tordesillas, Oro de Ley
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Las Aceñas y el Molino de la peña de Tordesillas, Oro de Ley

En la Villa de Tordesillas se conservan aún cinco paradas de aceñas que ya eran conocidas desde la Edad Media: La Peña; So la Puente; Osluga; Zafraguilla y la Moraleja.

El albergue de las sencillas máquinas de entonces para, aprovechando la fuerza del agua, moler el grano se llevaba a efecto en las llamadas aceñas.

 

En la Villa de Tordesillas se conservan aún cinco paradas de aceñas que ya eran conocidas desde la Edad Media: La Peña; So la Puente; Osluga; Zafraguilla y la Moraleja.

 

Quiero hablar hoy de la existente en la Peña, situada en el punto 411 del itinerario del Duero, al lado casi de la ermita que cobija a la patrona de Villa y Tierra, la Santísima Virgen de la Peña. Con acceso muy difícil y complicado, esta de la Peña tiene tres cuerpos o casas de aceña, una de las cuales fue reconstruida allá por el año 1827 y cuenta con un canal de pesca en donde me decían que se llegaron a pescar anguilas cuando aún no se habían acometido las obras de las centrales hidroeléctricas. A su lado un montón de ruina, tapado por hierbajos y vegetación salvaje de lo que fue la casa del aceñero, que dispuso de un ingenioso ascensor de subida y bajada al nivel del molino.

 

De esta aceña cuentan lenguas y no paran, aunque documentalmente estén de momento perdidas las instrucciones, que realizando obras en la casa del aceñero se encontró una gran vasija emparedada, conteniendo varias monedas de oro, de altísimo, antiguo e histórico valor.

 

Cuando llegaba el domingo de la Peña, muchos chiquillos y grandes bajábamos al molino y allí oíamos el rumor fuerte del agua canalizada, oliendo entre malvaviscas, anises, lavandas salvajes y otras hierbas olorosas. Algún atrevido saltaba el trampón de canalización sin observar la prudencia necesaria, lo que ocasionó más de un disgusto. Como le sucedió a mi primo Luis López, el hijo de  , que resbaló y cayó al canal siendo arrastrado por el agua hasta que pudo ser rescatado como moisés, sano y salvo y no perecer ahogado, dándonos a todos un susto morrocotudo.

 

Las aceñas de la Peña y su molino cuentan más historias, merecedoras de conocer. Por eso son oro de ley y hoy ni como vestigio pueden ser visitados. Y es que aquí no quedan ya ni los rabos del ayer.

 

Solo la palabra “aceña”, una antigua voz que se menciona ya conocida en el año 921, como se acredita en el Archivo de la Catedral de León en donde se refiere a la “aceña de los monjes”. Fíjaos ¡qué ruta turística singular en barco podría hacerse desde estas aceñas de la Peña hasta las de So la Puente!…