La Zaranda. El desguace de las musas

NACHO CARRETERO

La crítica de Ágreda en Tribuna de Valladolid.

El actor visualiza en su imaginación el desarrollo de la obra, la idealiza, le acompaña diariamente allí donde se encuentre, le entrega sus mejores horas del día en ensayos y otras cuitas y en muchas ocasiones, sin esperar nada a cambio, sin esperar recompensa. Pero la profesión le exige complicidad con la obra representada. No es que le importe mucho quienes acuden al teatro, sino solo que vayan y vean y escuchen.

 

Ensayada, preparada y elaborada, la obra de teatro, el elenco lo que quiere es representarla. Lo siguiente, es buscar la complicidad del público. Poner su prestigio a prueba. El prestigio lo que prueba es la verdad. Es el desvelamiento de la verdad. En eso fundamentalmente consiste el teatro.

 

¿Cuál es la verdad que propone El desguace de las musas? La verdad fundamental es que los intérpretes ponen su vida en ella. A pecho descubierto, sin red. Le preguntaron a Tolstói de que iba su novela Ana Karenina y contestó… “va de Rusia”. ¿De qué va El desguace de las musas? Va de no rehuir sacrificios cualesquiera que sean, de que “no se  te caen los anillos” por actuar en cualquier lugar y reivindicar tu sitio de artista, del derecho de supervivencia que tiene el teatro: allí donde exista una voz y un rostro existirá el teatro.

 

Seguro que difiere la idea que tiene Paco de la Zaranda, director de la obra y del espacio escénico y el respetable sobre lo que allí está pasando. Lo que estoy seguro es que durante la función,  Paco y el público andan a tientas y les asalta por igual la incertidumbre. Es inevitable. Si alguien cree que un artista es el catalizador, el encargado de descifrar el enigma de lo que está pasando a esta hora en la Sala Concha Velasco, está muy equivocado. Un actor interpreta, pero es un marginado de la sociedad, una molestia para el poder establecido y el otro. Esto lo que le permite, si es auténtico,  mantener su rebeldía.

 

El desguace de las musas quiere compartir con el público un territorio al que para acceder es necesario marcar un código. Un código que lleva las palabras inquietud y efímero. Marcas estas dos palabras y descubres que el trabajo de esta compañía, como el de todas, es efímero por naturaleza y buscan (curiosamente, no lo pueden negar) permanecer, durar sin caer en la facilidad. Ese es su secreto y su dificultad.