La viajera empedernida que vende cupones y sabe escuchar
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La viajera empedernida que vende cupones y sabe escuchar

Azucena Bernardo lleva casi dos años en la ONCE. Su problema con la audición posibilitó su trabajo como vendedora de cupones. Su don de gentes y su atención a los clientes lo han hecho todo más fácil. Aunque en este caso a quien le toca escuchar o leer es a usted. Bienvenidos a la historia de Azu.

Once preguntas, once respuestas:

1.Una afición: viajar

2. Su mejor momento como vendedora: cuando la gente te agradece algo que haces por ella, aunque solo sea guardarles un número.

3. Su peor momento: alguna vez he recibido algún insulto.

4. Su mayor premio: mi hijo.

5. Es superticiosa: no. Tampoco tengo manías, aunque soy muy ordenada.

6. Un juego: Candy Crush. En los ratos de soledad en la caseta suelo jugar, también leo noticias y cotilleo destinos para mis viajes.

7. Un número de la suerte: el 5, aunque no me preguntes el porqué.

8. Su mayor apuesta en la vida: mi hijo.

9. Salud, dinero o amor: salud, si esa te falla…

10. Su mayor capacidad: Mi don de gentes, me debo de reír mucho o eso dicen.

11. La ONCE una palabra: Ahora mismo mi futuro.

Hay quien dice que de las primeras impresiones no hay que fiarse. A mí me suelen funcionar. También por teléfono. Al otro lado del móvil se me antoja la voz de una mujer jovial, activa, simpática, llena de vida. Horas más tarde, las expectativas se cumplen. Café con leche fría y una amplia sonrisa. Mi interlocutora me anuncia que se ha leído el resto de entrevistas del serial Once de la ONCE. Así da gusto, pienso. “Mi historia no es tan sorprendente como la del resto”, avisa. Ya veremos.

 

Termina de atender a un cliente que escruta los boletos con detalle y cierra -por unos minutos- su punto de venta ubicado en Pajarillos, en Cigüeña con Tórtola. En una apartada mesa del bar de al lado relata con soltura su vida. Viajera empedernida, su vida es su hijo. Pero ese capítulo viene más tarde. “Comencemos por el principio”. María Azucena Bernardo Milán (“sin el María, por favor; me encanta que me llamen Azu") nació en Tordesillas, aunque a los tres años se trasladó hasta Valladolid con su familia.

 

“Mi padre era conductor de autobuses”, apunta. Y este medio de transporte ha sido clave en la vida de Azu: su padre chófer, ella trabajó como monitora en autobuses escolares y por si fuera poco, su marido –al igual que su padre- también es conductor”. “El autobús ha sido el centro, siempre”, se ríe. Azucena es la mayor de cuatro hermanas con una “infancia normal, pero feliz”.

 

“Estudié hasta los 16 años, lo que antes era Tercero de BUP, y comencé a trabajar. Acompañaba a los alumnos que viajaban a los colegios en autobús”. Once años le duró este empleo. “Hasta que nació mi hijo”. Azu se casó con su marido en el año 95. “Coincidíamos en el trabajo, quedábamos a tomar café…” Ojos brillantes y sonrisa pícara. Aflora su lado de chiquilla traviesa.

 

“Dejé todo por mi hijo y lo volvería a hacer una y mil veces”. Santiago fue prematuro, tan solo pesó un kilo. “Pasé mucho miedo, pero salió adelante sin problemas. Hoy es todo un hombretón”. Azu recuerda aquellos días de incertidumbre. En su mirada se nota aquel mal trago. Pero sus ojos adquieren un brillo especial cuando habla de su hijo, compañero de viajes y de vida. “Está en Cuarto de ADE, tiene 21 años”.

 

La protagonista de este nuevo capítulo de Once de la ONCE volvió a trabajar. “Estuve recogiendo fresa en Geria; también en una empresa de limpieza; y cinco años y medio en una tienda de frutos secos y golosinas”. Remarca: “Me gusta el trato con la gente y allí atendía desde niños a personas mayores”. Se nota. Solo hay que charlar cinco minutos con ella. Tras una época de desempleo, Azu se decidió acudir a la ONCE. "Me dieron la incapacidad del 35%". -¿Qué te pasa?Me estoy quedando sorda como una tapia”, sonríe. Prefiere abordar su problema con naturalidad e incluso con una pizca de humor: “¿Qué le voy hacer? Bueno a veces cuando estoy en la caseta no escucho bien a mis clientes; pero yo me siento una privilegiada porque no tengo problemas más graves o de movilidad”. Es positividad y puro torbellino.

 

“Quizá sea hereditario. Me ha pasado como a mi madre”, explica. Del oído derecho apenas oye, “del izquierdo un poco mejor”. Intento vocalizar y hablar más despacio. No hace falta. Azu es toda atención y no es necesario que repita o hable más alto. Me siento ingenuo. Prosigue su historia: “El caso es que mi cuñado trabajaba en la ONCE y fue el que me animó a dar el paso”.

 

Un 8 de febrero de 2018, Azucena se estrenaba como cuponera tras completar el curso y las prácticas con otro vendedor, del que habla maravillas. “El primer mes fue un poco jorobadillo, hasta que comienzas a controlar todo... pero a mí el contacto con la gente me priva y eso me ayudó mucho”, dice la protagonista de esta historia, que suspira antes de contestar la siguiente pregunta: -¿Has dado algún premio grande? “Qué va, estoy esperando”, sonríe. “Pero es que es muy difícil”. Todo llegará.

 

 

Relata Azu que su trabajo (en esto coincide con otros de los protagonistas del Once de la ONCE) tiene mucho de psicología. “Hay que escuchar. Muchos clientes te cuentan sus cosas, te preguntan, te piden consejos… Yo incluso les veo venir y sé si hay que tratarles de forma más seria, o si por el contrario necesitan una broma, una palabra de ánimo”. Coge carrerilla y prosigue: “Muchos de nuestros clientes son gente mayor, necesitan hablar con alguien, quieren que les escuches, para ellos es muy importante”. Parece una contradicción, pero es una paradoja preciosa: una persona sorda que es todo oídos. Azu sabe escuchar. Reflexionen.

 

“Ayer sin ir más lejos, pregunté a una señora por su nuera. Hace algunos días me contó que estaba muy malita. Pues bien se sorprendió y me dijo ‘¿pero te acuerdas?’. Pues claro”. Azucena es así. También recibe promesas disparatadas: “Gente que me va a invitar a cenar, hasta un viaje por el Caribe” (risas). Pero los números son caprichosos y los de Azu se resisten a salir, por el momento.

 

Apuramos el café y la cocacola. El puesto de venta aguarda a su moradora. “La ONCE me ha aportado mucha tranquilidad, espero que me renueven y seguir muchos años con ellos. Estoy muy contenta”. Mira al infinito. Sostiene la taza entre sus manos.  Antes de despedirnos, Azu confiesa su auténtica pasión: “Viajar”. Casualidades y coincidencias, en la cafetería hay cientos de fotos de viajes y hasta un mapa de Europa.

 

Es una viajera incansable, aunque ‘Made in Spain’. “Quitando Portugal, no he visitado otros países extranjeros, pero España me la tengo recorrida de cabo a rabo”. Si se tiene que quedar con algún territorio, no lo duda: “El Norte”. “Me encanta Asturias y el País Vasco, aunque me gustó mucho Barcelona”. Si el trabajo de su marido se lo permite, suele viajar en su compañía. “Si no me acoplo con unos amigos, y también suele venir conmigo mi hijo”. Llegamos a su punto de venta y después de la sesión fotográfica se despide con una sonrisa. En este caso las apariencias no engañan y la primera impresión es la que vale. Azucena vale la pena. Y su sordera no le impide saber escuchar.