La veteranía también es un grado en Valladolid a la hora de bailar

La Fiesta de Mayores fue un éxito en el Pabellón Huerta del Rey. JUAN POSTIGO

El Pabellón Huerta del Rey acogió la tradicional Fiesta de Mayores este sábado con cerca de 2.000 asistentes, donde más de uno demostró que la edad, a veces, es tan solo un estado mental.

Baile, música, luces y un ambiente excepcional pueden ser en ocasiones los ingredientes para la receta de la eterna juventud. No importa cuántas veces se hayan soplado las velas, nadie hace caso de los achaques de la edad, a veces se olvida lo maltrechos que pueden estar los huesos cuando uno tiene ganas de divertirse. Actitud, que lo llaman. ¿No se lo cree? Eso es porque no estuvo en la tarde de este sábado en el céntrico Pabellón vallisoletano de Huerta del Rey, donde cerca de 2.000 ancianos, ni cortos ni perezosos, recordaron tiempos más jóvenes a base de baile durante horas y horas.

 

“¡Manoli, esta es la nuestra!”. Una ranchera sonaba entre las primeras canciones, al mismo ritmo que los asistentes se animaban a bajar unas escaleras que conectaban las gradas del recinto con el parquet. El hombre no dudó en sacar a su esposa de la mano con la misma ilusión que lo haría en su juventud. Lo dicho, cuestión de actitud. Y esto solo acababa de empezar. La banda Tucán Brass hacía las delicias de los presentes, entre destellos de colores y un ambiente excepcional, casi mágico.

 

Pero el marido de Manoli no era el único dispuesto a dar la nota, en el buen sentido de la expresión. Gerardo también asió la mano de su esposa y la arrastró hasta enfrente del enorme escenario donde tocaba la banda. “¡Hacia tiempo que no me sacaba a bailar!”, dijo la ‘víctima’ rápidamente, en realidad encantada con el ritmo de su marido. México estaba presente con las rancheras, pasodobles y diferentes danzas que fueron llenando el lugar.

 

Y es que a veces uno solo necesita una excusa, tan solo una y por pequeña que sea, para saltar a la pista de la vida a bailar, a demostrar que esa nombrada actitud es la clave cuando toca danzar en la pista del día a día. ¿Qué importan esos pequeños dolores o molestias que toca paliar con unas pastillas o algún tratamiento cuando se tiene una sonrisa en la cara? Y más en estas fechas tan especiales en las que la alegría invade el cuerpo casi sin querer.

 

Aquí, dos hombres se movían casi de manera mecánica, en una especie de baile robótico pero con cierta gracia. Un poco más allá, un grupo de ancianas, engalanadas para la ocasión como merece, se movían al son de la música formando un círculo. Nada de irse pronto hoy a dormir, este sábado era de los ancianos por una vez, nada de juventud. Y es que entre la chocolatada y los trucos del mago Óscar Galante sobre el escenario, no faltaba de nada. Ni siquiera un reloj que corría a toda velocidad, aquella sensación de cuando uno se lo está pasando como si no hubiera mañana.

 

Y no faltaron los románticos, claro. Alguna que otra canción lenta salpicó entre las más movidas y salseras, momento en que los hombres tomaron la iniciativa para demostrar el amor que aún siguen profesando a sus queridas. Era una tarde, además de para el movimiento, para recordar las muchas razones por las que habían pasado una vida juntos. Sin duda, todo un éxito de celebración, que en este caso se hizo realidad sobre un peculiar escenario como era un pabellón deportivo.

 

Las horas pasaban y los más animados aguantaban el ritmo, pero las cosas como son; la edad sí pasa factura. La oscuridad en la que se había sumido Valladolid contagió también Huerta del Rey. Era el momento de retirarse a casa, pero siempre con esa sonrisa en la cara después de una tarde noche mágica. Y es que la veteranía también es un grado en Valladolid a la hora de bailar.