La unanimidad del desierto

Lewis Carrol, autor de Alicia en el país de las maravillas, decía “Me gustaría saber de qué color es la luz de una vela cuando está apagada”. Es una buena definición para el oficio de arista. Me gustaría saber por qué el jurado del Premio Castilla y León de las Artes 2017 decidió por unanimidad declararle desierto. ¿Por unanimidad, otra vez?

Los premios son como los perfumes, depende de quién les lleve, decía Andrés Trapiello. El Premio de Castilla y León de las Artes ahora no lo quiere nadie. Necesita de muchas explicaciones. Y ya se sabe que es mejor comer dos veces que dar explicaciones. Este premio no sé si ha muerto, pero está claro que su prestigio está por los suelos. Por muchos comunicados freudianos que digan que la decisión de Cuadrado Lomas “no rebaja la importancia de estos premios ni la de todos los anteriores premiados”. De mal en peor.

 

El jurado lo primero que tenía que haber hecho -como se hace con otros premios- es haber informado al premiado de todos los avatares del premio y después haber tenido su aceptación, (o negativa) previa sin fisuras ni explicaciones. “Los artistas no hacemos música por la fama, el dinero o el reconocimiento”, Jean- Michel Jarre, dice, lo hace por la melodía. Por los silencios. O por sentirse como Dios, añade en su lenguaje no verbal. Que se lo cuenten a Félix Cuadrado Lomas, a ver que dice. ¿Conoces la historia del abejorro? Hay científicos que han calculado la masa del abejorro y la superficie de sus alas y, matemáticamente, no pueden volar. La única razón que han encontrado para explicar que lo haga es que el abejorro no sabe que no puede. Y por eso vuela.

 

Hay artistas de todas las clases que no reciben un premio en su vida, y ahí siguen. Desde hace mucho tiempo se promueven y fomentan continuamente premios y más premios que siempre les otorgan más o menos los mismos, a los de siempre. El premio Goncourt, uno de los premios más importantes de Francia tiene una aportación de 10 euros actualmente; lo otorga un jurado solvente y tienes que tener más de 80 años para poder formar parte de él. Nunca hasta la fecha ha habido unanimidad, con mayoría absoluta o simple basta. El prestigio y el éxito que obtiene el premiado redundan en las ventas. Algunos premios ya son como los circos de animales, -ya sabemos lo que pasó reciénteme en un traslado- se les ha pasado el arroz; hasta el Premio Nobel está en entredicho.

 

Lo contaba Cesar Aria, "en cuanto sé que me van a dar un premio, salgo a El Corte Inglés y me lio a comprar como un loco. Al final, sin no lo gano, El Corte Inglés tiene la culpa de que tenga que pagar la factura".

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